• Silvia Resa López

Sinceridad sin filtros

¿Cómo eres de sincera a la hora de decir las cosas a los demás? ¿Eres delicado, para no herir al otro? ¿Te esfuerzas tanto en ser correcta que en ocasiones se te olvida centrarte en lo que ibas a comunicar? O, en el otro extremo, ¿eres sincericida?, es decir, ¿trasladas las cosas a tu interlocutor tal cual, sin filtros, ya que así te sientes más auténtico? ¿Dónde está la fórmula idónea para transmitir nuestras creencias?



¿Qué es ser sincera? ¿lo somos cuando hablamos con otras personas? ¿Y con nosotros mismos? ¿Qué hay detrás de ese miedo escénico a decir la verdad, aunque sea nuestra verdad? En toda conversación hay en realidad otras tres: la que cada cual tiene consigo mismo y la que cada interlocutor mantiene con el otro. Ya hemos hablado de ello en este mismo site, al tratar el tema de la comunicación. Sin embargo, en cada acto de habla se da algún que otro obstáculo o impedimento.


“La atención de cada uno es muy diferente”, dice Miriam Ortíz de Zárate, coach y directora de Centro de Estudios del Coaching (CEC) en Madrid; “el cerebro ordena, clasifica y reduce enseguida, pues ha de dar respuestas rápidas; por esto mismo, en una conversación, una gran parte de la información desaparece”.


En ocasiones esto último se produce bien por temor a decir, bien por todo lo contrario, el llamado sincericidio, que no es más que hablar sin filtro, tal cual formulamos la oración, sin pensar.


“Necesitamos establecer relaciones con otras personas, tanto si nos vienen impuestas, como es el caso de familiares, o también los compañeros de trabajo como si las elegimos, por ejemplo, los amigos o nuestra pareja” dice Nuria Carrasco. directora Académica de CEC; “esas relaciones necesitamos cuidarlas y gestionarlas para sentirnos satisfechos de esos encuentros”.


Encuentro a varias voces


“En ese encuentro hay cuatro voces”, explica la directora Académica de CEC; “con la otra persona mantenemos una conversación pública, mientras uno habla y el otro escucha; por otro lado, hay conversaciones privadas, las que mantenemos con nosotros mismos”.

Según esta experta, “es la radio que emite ideas y pensamientos, el diálogo interior y también la “columna izquierda”, que emite opiniones, juicios, justificaciones, mientras mantenemos una conversación pública; de ahí que se hable de cuatro voces”. Sin embargo, “se oculta información, nos guardamos datos que en algún momento pueden ser relevantes; son conversaciones distintas, incluso antagónicas pues hay juicios, interpretaciones, cosas que no se dicen, pero ¿para qué decidimos ocultar?”

“Creemos ser congruentes, pero en realidad ocultamos mucha información, lo cual tiene sus consecuencias, claro”, dice Carrasco, quien distingue entre ser sincera: “lo que digo es consecuente con lo que pienso, consiste en ser auténtica” y en ser “sincericida: sin filtros”. En la base de una y otra conductas está el instinto de protegernos a nosotros y a los demás, aunque no está de más “refinar, limpiar y aclarar nuestra columna izquierda, dado que contamina la relación”.




Ello nos lleva a una pérdida de confianza, la cual se ve afectada por esta falta de comunicación, de comprensión, que no se produce, de entendimiento, el cual no es posible o la empatía, que tampoco tiene lugar.


Sincericidio


En el extremo opuesto, hay ocasiones en las que “lo damos todo”, pero en sentido literal, arrojando lo que sentimos sin filtros, o también emociones camufladas como pensamientos. Es el “lo digo como lo siento” que, lejos de facilitar la comunicación o aclarar el mensaje, suele provocar malestar en la otra persona, quien tampoco sabe cómo gestionar lo que interpreta como un ataque gratuito, incluso cuando el interlocutor esgrime el argumento de “decirlo por tu bien”.



Desde el Coaching os invito a utilizar la herramienta de la coherencia, es decir, un mensaje alineado entre lo que se dice, cómo se dice y desde dónde se dice; “aunque creamos que no se nos nota, la falta de coherencia se aprecia en nuestra corporalidad, nos delata, por así decirlo”, dice Nuria Carrasco.


Esta experta nos propone “encontrar, desde el entendimiento, los beneficios para el equipo y para nosotros mismos”; “es preciso permitir nuestras emociones, legitimar lo que sentimos, no taparlo, evitar también el “no dañar al otro” y preguntarnos cuál es nuestra inquietud, qué es lo que no atendemos y cómo lo que no tenemos resuelto lo llegamos a proyectar en nuestro interlocutor”.


Mediante la expresión con sinceridad “es posible que la otra persona no se sienta herida, o tenga la opinión de que tal creencia es nuestra”, dice Nuria Carrasco, para quien razones basadas en “el miedo a que me vean, a ser vista o hacer daño al otro impiden la conexión”

La cuestión es que, sin conexión, no hay relación y sin relación, no hay confianza; de ahí la importancia de la coherencia, pues así “decidimos qué compartir y cuál es el coste de no hacerlo”, dice Nuria Carrasco.


Al igual que en otras ocasiones, el equilibrio entre ocultación y sincericidio es el idóneo para transmitir nuestros mensajes. Desde el Coaching te invito, una vez más, a entrenarlo.


¡Feliz Conexión! ¡Feliz Coaching!

Y recuerda que…


- ¿Cómo eres de sincera a la hora de decir las cosas a los demás? ¿Prefieres ocultar o decir la verdad sin filtros?

- Hay ocasiones en las que “lo damos todo”, pero en sentido literal, arrojando lo que sentimos, sin filtros

- A veces algo que no tenemos resuelto lo proyectamos en nuestro interlocutor

- Creemos ser congruentes, pero en realidad ocultamos mucha información, lo cual tiene sus consecuencias

- Es legítimo permitirnos las emociones, lo que sentimos, sin taparlas por temor a dañar a la otra persona

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