• Silvia Resa López

Secretos de pareja

¿Conoces la manera idónea de comunicarte con tu pareja? ¿Imaginas cómo es una relación en la que hay respeto, comprensión, compasión, cariño y amor? Si eres de los afortunados que ya cuenta con una situación de pareja estable y en armonía, te felicito. Si crees que aún es mejorable o deseas cambiar alguno de sus elementos, te invito a que nos sigas en el aprendizaje de la Comunicación No Violenta, uno de los mejores secretos para la óptima convivencia entre dos personas



Desde hace una década, tengo como vecinos a una pareja con dos hijos que viven puerta con puerta a mi vivienda. Durante algún tiempo todo parecía ir bien, mostrándose como la familia modelo. Sin embargo, desde hace un par de años se pueden escuchar discusiones muy vivas entre la pareja y entre ésta y sus hijos.

Ha llegado a tal punto, que en cierta ocasión en la que una de mis personas favoritas ha estado durmiendo en casa, me ha confesado su impresión no ya por lo que se dicen entre sí, sino por cómo se lo expresan.

Aunque le he restado importancia, apelando a una de las reglas de oro de la convivencia como es la evitación del juicio, el asunto me ha hecho reflexionar a propósito de las relaciones interpersonales.


“En la relación de pareja, hago el camino contigo para necesitarte cada vez menos”, dice Elena Diéguez, terapeuta y formadora especializada en Comunicación No Violenta (CNV), que invita a preguntarse “¿qué es lo que se despierta en mí tras pronunciar en voz alta esa frase?”.



Dice Diéguez que hay cinco objetivos en las relaciones de pareja, como son:

  • Entenderme mejor con mi pareja. “Para ello no es preciso estar de acuerdo; sin embargo, entendernos va a facilitar que podamos llegar a acuerdos de forma más fácil”, dice esta experta, que ha participado en el congreso virtual Salud 360º, organizado por la Fundación Vivo Sano.

  • Escuchar sin reaccionar. Evitar ser reactivos, responder en modo automático; se trata de “hablar sin hacernos daño, sin recurrir a juicios, reproches, críticas, quejas o recriminaciones, haciéndolo con seguridad y firmeza”.

  • Pedir sin exigir. No es lo mismo pedir que exigir, como explica Elena Diéguez: “si, cuando solicito algo a mi pareja, estoy abierta al no, se trata de una petición; en el caso contrario, es una exigencia”



“He de partir del hecho de saber lo que necesito, de cómo me gustaría que mi pareja colaborase con mi necesidad y, al mismo tiempo, tengo en cuenta que es una persona que no tiene la obligación constante de atender mis necesidades”.

  • Aprender a hacer equipo. Así podemos buscar soluciones que nos beneficien a ambos.

  • Que exista más diálogo. Como experiencias inherentes a la vida, los conflictos son inevitables; por eso hay que tener herramientas y disponer de recursos que puedan aprovecharse como oportunidad, de forma constructiva, llevando a que la relación de pareja sea más sólida.


En tres tiempos


El modelo de respuesta del que venimos suele discurrir de la siguiente manera, según esta experta: “surge un conflicto y se produce tensión ante la diferencia de opiniones; emocionalmente se dan reacciones en ambos, expresando el enfado, el miedo y la rabia a través de un diálogo interno”.


“Posteriormente, pueden darse dos tipos de respuesta, que se describen mediante el ‘aguanto y callo’ que, tarde o temprano nos hace implosionar o somatizar la emoción físicamente, o el uso del ‘decir sin filtro’, esto es, drenamos la tensión mediante los reproches y ese ‘tú que mata’, el dedo que acusa”.


“Pasado un tiempo, el efecto natural es que la emoción se diluya, se desdibuje, entrando en la falsa sensación de que todo está solucionado”, dice Elena Diéguez que llama a esto el efecto alfombra, “pues echamos bajo ella lo que nos sobra, la tensión, haciendo como que no ha pasado nada”.


“Este modelo de gestión de conflictos lo llevamos también a las relaciones con otras personas, como nuestros padres e hijos, aunque tiene tres efectos tales como la acumulación, el desgaste y el distanciamiento”.



La alternativa que nos propone Diéguez está basada en una herramienta de la CNV, la técnica de los Tres Tiempos: tiempo muerto, tiempo dentro y tiempo fuera.

La dinámica sería similar: surge un conflicto, hay diálogo interno, emociones y pensamientos hacia la pareja y hacia uno mismo; sin embargo, la respuesta no va a ser, esta vez, la de aguantar y callar o la de decir sin filtros, sino que podemos entrenar esos tres tiempos:


  • Tiempo muerto. Al igual que en los eventos deportivos. Ejercitamos la CNV para ayudarnos a desarrollar el freno a la impulsividad. Para ello, lo primero es darse cuenta de las sensaciones que nos indican que estamos entrando en modo reactivo.


“El cuerpo siempre nos avisa de la misma forma, por lo que podemos observar, en esos momentos de tensión, en qué lugar se manifiesta la ira, la rabia”, dice Elena Diéguez.

Propone esta experta realizar alguna actividad que nos permita recuperar la regulación emocional, como forma de autocuidado; por ejemplo, dar un paseo, hacer deporte, lectura, cocinar, darse una ducha o planchar.


  • Tiempo dentro. Se trata de transformar esa rabia, haciéndola consciente para comprenderse y empatizar con uno mismo. Diéguez propone que te hagas las siguientes preguntas: ¿qué es lo que siento y necesito yo?, ¿qué es lo que siente y necesita mi pareja?


“Una vez que tengas eso claro, puedes construir un diálogo para proponerle a la otra persona”.


  • Tiempo fuera. De reencuentro con la pareja, donde ambos dialogan y buscan soluciones que beneficien a ambos, a través del entendimiento mutuo, mediante el respeto ante las necesidades de ambos, llegando a decisiones que cuiden a los dos, haciéndolos sentir un equipo.


“Basta con que la dinámica de CNV la inicie uno de los dos miembros de la pareja”, dice Diéguez; “pues tendrá efecto en el otro”.

“La CNV es un viaje de vuelta, no enseña nada nuevo, sino que nos ayuda a recordar algo que, de forma natural, tiene sentido en nosotros como seres humanos”.


Cómo transformar las exigencias


¿Qué es una exigencia? Suele ser un aserto que, muchas veces, se refiere a expectativas irreales. Cuando exigimos la respuesta más probable es la resistencia.

¿Qué es una expectativa? Una proyección de los anhelos de la infancia, por lo que “buscamos en el otro un rol que en realidad no le corresponde”, dice Elena Diéguez, refiriéndose al ejemplo del hombre que busca en su pareja el papel de la madre, dejando a un lado posibles psicopatologías.


Diéguez nos propone elaborar una lista de exigencias, enunciándolas de la siguiente manera: “mi pareja, por el mero hecho de serlo, tiene que …” (como ejemplos, completamos la frase con “escucharme siempre que yo esté mal”, “mostrarme su amor, diciéndome cuatro veces al día cuánto me quiere”, o también: “tener detalles románticos de forma continua”)



Para transformar esas exigencias en peticiones, esta experta en CNV nos invita a:

  • Hacer conscientes esas expectativas y exigencias. Partiremos de uno de los enunciados anteriores, por ejemplo: “mi pareja, por el mero hecho de serlo, tiene que escucharme siempre que yo esté mal, ya que es lo correcto”.


“Hemos de tener en cuenta que la respuesta a la exigencia suele ser la resistencia, es decir, las personas somos alérgicas a la imposición, por lo que el peso que trae una frase de esas características hará que, al trasladársela al otro, éste tenga ganas de todo menos de escuchar”.

  • Transformación. Para ello, hemos de situarnos en un lugar distinto desde el que surgirá una energía, una forma de relación y un lenguaje completamente distintos.


¿Cómo se consigue esto? Diéguez nos invita a partir de la exigencia, formulándola como petición; en el ejemplo anterior, sería: “quiero que, en mi relación de pareja, cada día, exista más escucha”.

Así expresado, se refiere a un anhelo propio, un deseo de que haya escucha por ambas partes.

Lo siguiente es preguntarse: ¿cómo puedo contribuir a que en mi relación existan esos espacios de escucha mutua? “con ello transformamos una exigencia hacia la pareja en una oportunidad que tenemos para que eso sea posible”, dice Elena Diéguez.

  • Repetición. Realizar este cambio con todas las exigencias enumeradas en nuestra lista. “Identifica qué necesidades tienes y cómo te gustaría que tu pareja, sin exigencias, colaborase con ellas”, dice Elena Diéguez, experta en Comunicación No Violenta.


Para quienes habéis llegado hasta aquí, os diré que el volumen de las peleas de mis vecinos se ha atenuado, lo cual se debe a que han instalado paneles de insonorización parcial que logran amortiguar el sonido.

No obstante, continúan algunos aspectos que revelan malestar, por ejemplo, los portazos que, cada vez que sale, da alguno de los miembros de la pareja.

Sea por una cosa o por otra, no puedo por menos que estar agradecida a mis vecinos, pues me he hecho más consciente de mi lenguaje, de mis gestos y de mi actitud, para entrenar la Comunicación No Violenta con los demás.

Desde el Coaching te invito a practicarla, también contigo mismo.


¡Feliz Comunicación No Violenta! ¡Feliz Coaching!



Y recuerda que…

  • El diálogo, el respeto ante las necesidades de los dos y el entendimiento mutuo convierten a la pareja en un gran equipo.

  • Se trata de transformar esa rabia, haciéndola consciente para comprenderse y empatizar con una misma.

  • Tras una discusión, puede darse el efecto alfombra, bajo la que escondemos el conflicto, como si no hubiera pasado nada.

  • Ante un conflicto, un tipo de respuesta es el ‘aguanto y callo’ que, tarde o temprano nos hace implosionar o somatizar la emoción físicamente.

  • Entenderse con la pareja no significa estar de acuerdo con ella.

13 visualizaciones0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo