• Silvia Resa López

¿Practicas el cleanfulness?

Ya, ya sé que puedes pensar que eso de limpiar no va contigo, así que mucho menos pueda servirte de motivo para la relajación. Sin embargo, te invito a que abras tu mente y a que veas que lo importante no es el tipo de trabajo en sí mismo, sino la dedicación, la concentración y la motivación que puedes aplicarle. Eres libre de no seguir leyendo, pero te propongo que lo hagas, pues desde el Coaching te explico las bondades del llamado cleanfulness o limpieza meditativa.


Confieso que entre mis actividades favoritas se encuentran las relativas a ordenar, limpiar y deshacerme de todo aquello que haga bulto innecesario en mi hogar.

Desde pequeña, y dado que mis mayores de referencia andaban muy ocupados en trabajos externos que requerían de su atención, me aficioné a echar una mano en las tareas de la casa. Y descubrí que no sólo me gustaba, sino que se me daba bien desempeñarlas. Es posible que ambas cosas estuvieran relacionadas.


Con el paso del tiempo y de modo intuitivo, me di cuenta de que cuando tenía que tomar una decisión o en el caso de que algo me disgustara, casi sin pensarlo me dedicaba a poner orden en una librería, a limpiar a fondo un baño o a colocar la ropa en los armarios. El beneficio que obtenía era un estado sereno, tranquilo y en calma en el que podía poner en claro mis prioridades y deseos.


Con el tiempo, en mi familia adquirí el rango de especialista en orden y limpieza que, poco a poco y tras el éxito del sistema japonés me granjeó el apodo de “Kondo española”. Actualmente practico el cleanfulness o limpieza meditativa y he creado un sistema denominado “IronCoaching” que permite tomar consciencia mientras se plancha.



Olimpiadas con bayeta


El término “o-limpiadas” proviene de una broma privada en mi familia, ya que con ella nos referíamos a la gran limpieza anual, semestral o mensual. Como si de unos juegos olímpicos se tratase, nos preparábamos a conciencia escogiendo estropajos, esponjas, bayetas y trapos.


Una de mis abuelas, de nombre Celsa y gallega por más señas, ha sido una de las personas que mejor me ha enseñado a limpiar, utilizando trapos que creaba a partir de camisas, camisetas y sábanas en desuso.


Mi abuela valoraba esos trapos de algodón que no dejaban rastro, pues eran idóneos para la limpieza de cristales y superficies pulidas. La recuerdo, además de con mucho cariño, como una persona muy dispuesta y “muy limpia”, como seguramente le gustaría que la mencionara ahora.


Con el paso de los años y casi sin querer, queriendo (que diría el inmortal Chavo del Ocho) he tomado consciencia de que un trabajo bien hecho aporta bienestar emocional, da igual la tarea de la que se trate.


“Lavar la ropa, limpiar el suelo, cocinar o planchar son tareas mecánicas con las que podemos disfrutar, desempeñándolas lo mejor que nos sea posible”, dice Vero Fernández, bióloga Molecular y Project Manager Digital; “es una cuestión de práctica, de observarse a una misma, paso a paso, pues ¿realmente lavamos los platos cuando hacemos esta tarea?, ¿prestamos atención a nuestro desempeño?”



Para la creadora del congreso virtual ‘Crecimiento con Consciencia’, que acaba de cerrar su segunda edición, “estas tareas cotidianas pueden ser fuente de meditación activa, dado que nos enriquecen, nos centran, nos tranquilizan y nos aportan bienestar”


Paso a paso


“Mantener las cosas limpias no es una ciencia ni un arte, sino un modo de preservar el orden y el bienestar del hogar”, puede leerse en la introducción de ‘Manual de limpieza’, una de las guías prácticas editadas por la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU)

“Por lo general, la mayoría de nosotros no consideramos la limpieza como la actividad más agradable de nuestras vidas” dicen en la guía de OCU, en la que se recomienda “no se obsesione, ser limpio es una cosa, pero hacerse esclavo de la limpieza es otra muy distinta”.

En el citado manual se dan algunos tips que he resumido y comparto ahora contigo, si eres de los que te apetece practicar el cleanfulness:


  • Planificación. Establecer unas rutinas de limpieza es la forma más eficaz de mantener todo limpio. En OCU nos proponen dividir nuestro hogar y su contenido entre cuatro categorías, dependiendo de aquello que requiera una limpieza diaria, semanal, mensual o anual.



“Para que todo sea más fácil, procure cumplir esos plazos, pues así evitará que la casa se ponga tan sucia que luego cueste el doble de esfuerzo limpiarla”

Limpiar la cocina, los cuartos de baño, ventilar los dormitorios y hacer las camas, ordenar lo que se haya dejado por medio o hacer la colada suelen ser rutinas de cada día.

Ordenar el frigorífico, fregar los suelos, pasar la aspiradora, limpiar el polvo, regar las plantas o cambiar la ropa de las camas son tareas semanales.

Cristales, armarios y limpieza de la despensa requieren una periodicidad mensual, mientras que las limpiezas a fondo de armarios de cocina, librerías, persianas, cortinas, colchas, trastero y garaje lo dejaremos como rutina semestral o anual.

“Para realizar la limpieza general espere a tener el tiempo suficiente y, si es posible, a contar con ayuda, ya que es la tarea más laboriosa de todas”, dicen en OCU.


  • Repartir el trabajo. Habilidades, disponibilidad y convencimiento son las herramientas necesarias para distribuir el trabajo de limpieza y orden entre todos los miembros de la casa.


Si hay niños, hemos de recordar que suelen ser entusiastas imitadores de modelos, por lo que podemos ir introduciéndoles en los beneficios de mantener el ‘nido limpio y ordenado’.


  • Consciencia. Cuando hacemos la colada o limpiamos un armario podemos ser conscientes de la tarea aplicando la atención plena. Con ello conseguimos lo que los niños hacen de forma intuitiva: estar en el presente, en el aquí, ahora, en este momento.

  • Nadie es perfecto. Ni obsesiones, ni autoexigencias. Paso a paso logramos cumplir con la tarea, para la que la perfección es un requisito totalmente prescindible.

  • Constancia. Si tu trabajo fuera de casa no te ha permitido llevara a cabo las rutinas de limpieza, sé paciente y constante, pero no quieras resolver en una semana lo que requiera probablemente varios meses.

  • Tecnología al rescate. Estate al tanto de robots, palos telescópicos, bayetas de microfibra o cualquiera de los elementos que puedan facilitarte las tareas de limpieza y orden.

  • Sostenibilidad. Bicarbonato, limón y vinagre son los nuevos-viejos limpiadores sostenibles. Existe información en la Red a propósito de cómo utilizarlos.

  • Haz deporte doméstico. No subestimes la actividad realizada al quitar el polvo de las zonas altas, descolgar las cortinas o limpiar las ventanas. Todo quema calorías.

  • Date un premio. Una vez que hayas terminado tu rutina de limpieza, sea diaria, semanal o anual, te propongo que te recrees en tu logro. Pero además prémiate con un buen aperitivo, una infusión o un baño de espuma.

  • Anótalo. Te propongo que tengas a mano tu Diario Coaching. Mientras estés realizando la limpieza consciente es posible que te des cuenta de aspectos que te vendrá bien anotar. Una vez finalizado tu trabajo, te invito a que pongas por escrito qué te llevas de ese proceso, desde el punto de vista emocional y espiritual.


¡Felices O-limpiadas! ¡Feliz Coaching!




Y recuerda que…

  • Practicar el cleanfulness o limpieza meditativa nos proporciona bienestar emocional y físico.

  • Lavar la ropa, limpiar el suelo, cocinar o planchar son tareas mecánicas con las que podemos disfrutar, desempeñándolas lo mejor que nos sea posible.

  • Las tareas cotidianas pueden ser fuente de meditación activa, dado que nos enriquecen, nos centran y nos tranquilizan.

  • Planifica tus actividades de ordenación y limpieza, según tu disponibilidad y la de los miembros de tu familia.

  • Una vez que hayas terminado tu rutina de limpieza, sea diaria, semanal o anual, te propongo que te recrees en tu logro.

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