• Silvia Resa López

Lo que los animales saben de nosotros



Nos miran, nos escuchan, evitan juzgarnos y, si prestamos atención, podemos sentir cómo nos hablan. Estos seres que conviven con nosotros, sean perros, gatos o jilgueros, forman parte de nuestras vidas, son compañeros de destino y como tales hemos de tratarlos.


Resulta que en España somos líderes en el ranking europeo de animales abandonados, sobre todo canes y felinos. Lo dice una estadística de la Real Sociedad Canina de España (RSCE), que llega a la conclusión de que en nuestro país se abandona un perro cada cinco minutos.


No obstante, durante el año pasado el número de animales abandonados se ha reducido el 6%, más del 11% corresponde a los perros, mientras que en el caso de los gatos permanece estable, con un ligero repunte del 0,6%.



Al parecer, en el ámbito mundial, el 70% de los perros son abandonados y viven en la calle, según dicha organización, de cuyos datos se ha hecho eco la empresa de alimentación animal Edgard & Cooper.


Su mejoría me mejoró


En la última Cumbre de Duelo Animal, organizada en junio pasado por Pilar Muñoz, veterinaria en VetySana, la terapeuta sintergética Olga Porqueras contó su experiencia personal.

Durante años en un entorno de ventas, la ansiedad y la agorafobia hicieron mella en esta concienciadora: "no confiaba en nadie, me encerré en casa, con mis medicamentos; Tama, un pastor alemán, se convirtió en un perro alfombra”.


Y es que, tal y como expresa esta comunicadora animal, "ellos son espejos de su entorno, al igual que los niños”. Y relata cómo "la perra me observaba cuando cogía mis esencias florales; un día tuve la sensación de que me las pedía, así que las extendí en mi mano y Tama empezó a lamerme”.


Dice Olga que la mejoría de Tama la mejoró a ella: "un día decidió que yo tenía que salir a la calle; me comunicó que sin correa, que simplemente la agarrara por el collar, como si de una terapeuta conductista se tratara; así que la primera vez que volví a la calle fue gracias a mi perra”.



El duelo por la despedida


Esta sanación no fue tanto una curación física, según dice Olga Porqueras: "fue una curación del alma, que por supuesto también afectaba a lo físico”. En relación con ello, la comunicadora animal asegura que "aunque no seamos gente religiosa, a quienes no lo somos, la verdad es que la muerte se lleva en la memoria celular, a través de la interpretación secular e intergeneracional”.


Hablando de duelo animal, esta experta explica que ha creado un protocolo de despedida, "basado en la conexión con el animal, de corazón a corazón”, dice Olga Porqueras; "diciéndole, por ejemplo, que le agradeces todo lo que habéis compartido, o lo que te salga del corazón en ese instante”; "hemos de evitar pedir perdón, ya que eso implica culpa; pero podemos indicarle que le damos la libertad para marcharse cuando crea que es el momento”; "esto lo suelta y nos suelta; produce un gran efecto liberador”.


La muerte de un animal con el que compartimos la vida "puede equipararse a la de un hijo”, dice Olga Porqueras; "si bien la vida es mucho más, es decir, no es sólo trabajo, pareja, hijos o casa, ya que con ello sólo alimentamos la materia, olvidando nuestro ser; en este sentido, todos hemos de buscar algo que nos llene”.


Asegura Olga Porqueras que "en esos momentos de acompañamiento consciente sientes mucha paz, pues te pones al servicio de ese ser al que amas”; "no hay nada más sanador que el agradecimiento, por lo que ofrecerle lo que desea, decirle lo que no le has dicho antes, son acciones liberadoras”.


Llenando vacíos


"La muerte no es lo opuesto a la vida; en todo caso, al nacimiento”, dice Olga Porqueras, quien cree que "nos hemos ido alejando de nuestra parte más primitiva, más esencial, con lo que nos apartamos de lo que somos, que no es otra cosa que seres mortales”.


Esta experta considera que la muerte "es nuestro examen de fin de carrera”, pero como quiera que antes hay otros muchos exámenes, "teniendo miedo a la muerte lo único que logramos es temer a la vida”.


Para la terapeuta "los duelos los pasamos cada día, aunque no nos demos cuenta”; "la separación de la pareja, la pérdida de un anillo o el síndrome del nido vacío: todo constituye un final de etapa vital, que nos provoca un duelo, hasta que no renacemos a la siguiente fase”.


En todo este proceso, Olga Porqueras nos invita a "evitar llenar los vacíos con otros seres, ya que en el fondo los estás utilizando, incluso en detrimento ajeno y propio; lo cual pasa a veces con los animales y hasta con los hijos”.


Y nos recuerda que "todos sabemos morir, pero estas situaciones nos hacen ver si estamos o no preparados para ello”.


Porque resulta que los animales saben de nosotros mucho más de lo que creemos. Y tú, ¿qué es lo que sabes de ellos?


¡Feliz Acompañamiento! ¡Feliz Coaching!


Ilustraciones: Ágata del Barco

Fotografía: Edgard & Cooper

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