• Silvia Resa López

La cata de las emociones



Cuando aprendía acerca de la cata de los vinos, hay algo que se me quedó muy grabado, como es que no se requiere ser una experta para disfrutar de una copa de Syrah, Godello, Tempranillo o Garnacha. Basta únicamente con que te guste un vino más que otros. Ello demuestra tu habilidad selectiva.


También aprendí que el acto mismo de la cata está enlazado con las emociones, por lo que no sólo se aprende a analizar un vino, un brandy o una cerveza, sino sobre todo se entrena la liberación de sensaciones y emociones, casi todas ellas procedentes de nuestra infancia.


¿Cómo puedo, si no, equiparar el aroma de algunos tintos a la acidez propia de la pulpa que rodea el hueso de una ciruela negra? ¿o el sabor que se queda en el paladar tras probar un rosado y que se asemeja a esa piruleta de fresa que te daba tu tía favorita cada vez que venía a tu casa?


Son aromas personales. Son sabores auténticos. Y todos, al desplegarse, nos ayudan a disfrutar de la cata. Claro está que, en su versión profesional, la cata tiene sus normas, tiene sus técnicas. Pero lo que te propongo desde el Coaching es experimentar, jugar con tu nariz y tu paladar, con tu memoria olfativa.




Tráete al consciente tus sensaciones


¿Cómo degustar un vino? ¿cómo lograr hacer conscientes las emociones? ¿qué es preciso saber antes de empezar? Desde el Coaching te propongo los siguientes pasos:


  • Elige un vino de tu gusto, o que desees probar, quizá porque te lo hayan recomendado.

  • Escoge un lugar agradable, como si fueras a practicar meditación.

  • Prepara una copa y unos cuantos picos de pan.

  • Ten a mano tu Diario Coaching (D.C.) y un bolígrafo.

  • Abre la botella y vierte un poco de vino, inclinando ligeramente ambos, de forma que el líquido toque en primer lugar la pared de la copa, en vez del fondo.

  • Aprovecha para admirar su color y, si te es posible, agítalo levemente, realizando círculos con la copa (al principio, ayuda posar la copa sobre la mesa, describiendo allí los círculos y evitando derramar el vino)

  • Llévatelo a la nariz (no metas mucho tu apéndice nasal en la copa, basta con que lo acerques) Repite la acción cuantas veces necesites.

  • ¿Qué escena te recuerda? ¿a qué persona te enlaza? ¿quizá te acuerdas de las palabras de alguna de tus personas favoritas? Te invito a que lo anotes en tu Diario Coaching.

  • Dale un pequeño sorbo, reteniendo en la boca el vino todo lo que puedas; ¿qué sientes? ¿a qué te sabe? De nuevo te propongo que lo anotes en tu Diario Coaching.

  • Vuelve a oler la copa y de nuevo otro pequeño sorbo. Déjate fluir, recordar, permítete situarte en ese momento feliz vivido hace mucho o poco tiempo. Aprovecha tus habilidades memorísticas, trayendo al consciente los recuerdos según tu forma predilecta de representación PNL (Programación Neurolingüística: auditiva, visual o kinestésica)

  • Te invito, de nuevo, a escribir en tu D.C. todo aquello que te venga en ese momento.

  • Al terminar, puedes tomar nota del área de producción, bodega elaboradora, variedad de uva y año de crianza.



Tips del vino en verano


Hace unas semanas, la Organización Interprofesional del Vino de España (OIVE) https://www.interprofesionaldelvino.es/ ofrecía algunos consejos a propósito del consumo de esta bebida en la época estival.


Optar por vinos ligeros como los blancos, espumosos y rosados. "estos últimos, incluso en su versión de vino espumoso, resaltan por su versatilidad y se adaptan tanto a platos contundentes como a pastas y arroces” dice Victoria Villarreal, de OIVE; "maridan también con sabores más exóticos, como la comida asiática e incluso las carnes de caza”.

Si elegimos un tinto, desde esta organización recomiendan que sean ligeros y afrutados "sobre todo teniendo en cuenta que solemos consumirlos con platos ligeros y en momentos al aire libre, por lo que lo idóneo es que sean vinos jóvenes y con pocos meses de crianza en barrica”.

Ojo a la acidez. Varía según la zona de producción y la variedad de uva. Villarreal nos da un truco para identificar esta característica: "los vinos que proceden de viñedos de mucha altura tendrán más acidez, dado que en esos climas las vides tienen menos azúcar y maduran muy lentamente”.

Los de menos alcohol. Lo explican desde la Interprofesional: "cuanto más alcohol, mayor deshidratación, por lo que en verano es mejor optar por vinos con menos grados, que no resulten pesados ni densos”. (Para saber el grado alcohólico, fíjate en el porcentaje que aparece en uno de los extremos de la contra etiqueta).

Temperatura adecuada. En la OIVE aconsejan que la temperatura del vino sea un poco más fría: "si en verano los vinos 'pecan' de un poco más fríos no hay problema, ya que la temperatura estival elevará su temperatura en cuestión de minutos”. La ideal para los vinos blancos es entre 7º-10º, los rosados entre 8º-12º y los tintos 16º-18º.

Combinados son la nueva forma del vino, que se emplea como base de cócteles tan populares como el tinto de verano o la sangría. Pero hay muchos más, especialmente aquéllos elaborados con vinos del área geográfica Marco de Jerez, en el sur de España.



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