• Silvia Resa López

¿Hablas con tus plantas?

¿Eres de las personas a quien le gustan las plantas? ¿Cómo las cuidas? ¿Qué te aportan? ¿Te atreves a hablar con ellas? ¿Sabes que se comunican entre sí? Y a ti, ¿qué es lo que te dicen tus geranios, aspidistras, ficus, crisantemos o dondiegos? Desde el Coaching te propongo acercarte a la energía sutil de tan encantadores seres vivos.



Tengo una orquídea, regalo de una de mis personas favoritas, con la que, desde hace un par de semanas, mantengo conversaciones. Resulta que han ido cayendo, una por una, casi todas sus flores, quedando una solitaria que parece resistirse a abandonar el tallo.

Así que, dado que, incluso documentándome sobre este tipo de plantas parece que no he logrado su bienestar, apelo en estos días a su compasión empática e intento darle motivación para seguir en el cómodo estante de mi escritorio.


Y es que creo que el mundo vegetal está integrado por seres más vivos que lo que muchos sospechan. De hecho, la alelopatía es el nombre dado al sistema de comunicación entre plantas; consiste en que éstas producen unos compuestos bioquímicos que influyen en el crecimiento, reproducción e incluso supervivencia de otros organismos.

Se sabe que en el reino vegetal se “habla” mediante redes de micorrizas, constituidas por hongos y raíces, a través de las que se conecta para el intercambio de nutrientes, agua y carbono y mediante señales olorosas, visuales, auditivas y eléctricas, además de las químicas ya citadas.


Perciben nuestra energía


“En los grandes bosques, los árboles más viejos cuidan de los más jóvenes, a los que les reenvían los nutrientes que requieren para su mantenimiento a través del subsuelo”, dice Lucy Gómez, dedicada al estudio de la energía de las plantas.

Para esta experta, según la neurofisiología de las plantas, éstas tienen su propia conciencia e incluso perciben nuestra energía; “tienen 25 sentidos que son sensores, los cuales les permiten conocer qué es lo que se acerca y qué es lo que se aleja”.

Dentro del congreso virtual Crecimiento con Conciencia, creado por la doctora en Biología Vero Fernández, esta última ha mantenido una entrevista con Lucy Gómez a propósito de estos seres vivos del mundo vegetal que “requieren que mantengamos tres cosas, como el sol, del que se alimentan, el agua y el medio, que puede ser tierra o algo a lo que agarrarse”.



Dice Gómez que una planta es “una mascota con un modo de vida muy distinto”; por esto mismo, “sabe quién eres, si se trata o no de una presencia benéfica”


Comunicación de doble vía


“Creía que eran cuentos de vieja las afirmaciones relativas a que las plantas tienen conciencia”, dice Lucy Gómez; “sin embargo, me convencí de lo contrario, al ver que respondían a los cuidados que les proporcionaba”; “se produce una comunicación de doble vía, pues la energía beneficiosa también se produce desde ellas y hacia nosotros”.

La experta en la energía de las plantas nos propone prestar atención a algunos aspectos que pueden favorecer la comunicación con las plantas. Desde el Coaching te invito a seguirlos:



  • Sentirlas. Cuenta Lucy Gómez que su despertar a la conexión con las plantas se produjo durante una exposición de bromelias en un jardín interior a la que acudió: “descubrí la belleza en los vivos colores de sus flores y en la simetría de sus hojas”.

  • Conocerlas. Existe mucha información relativa al cuidado y conservación de las plantas. Libros, vídeos, entrevistas a expertos, incluso antiguas enciclopedias en las que se recogen tips y recomendaciones. Te propongo aprender dónde situarlas, cómo alimentarlas según lo que requieran. Puedes empezar con una planta de cuidados sencillos.

  • Descubrirlas. “Una maceta puede ser un vasito de yogur, que sirve a la planta para hacer el trabajo con sus raíces, comprobando hasta dónde pueden llegar”, dice Lucy Gómez; “de ahí que no haya que trasplantarlas por primera vez a un tiesto demasiado grande, para ayudarla a que sepa controlar su espacio”.

  • Intuirlas. Una vez que hayas descubierto las plantas, bastará con seguir tu intuición para saber qué es lo que requieren en cada momento. Por ejemplo, si la planta presenta flacidez en su tallo o en sus hojas, comprueba que el sitio donde está ubicada “le gusta”. Date cuenta que ellas no pueden desplazarse, por lo que, si observas alguna inclinación en su tallo, quizá sea que quiere estar en otra parte.

  • Conectar con ellas. Te propongo que observes tu planta favorita, que te des cuenta de cómo están su tallo, hojas y, si las tuviera, flores. Remueve la tierra con cuidado, para oxigenar el estrato (vale un tenedor viejo) pero teniendo cuidado de no extraer o romper sus raíces. Las de interior, a veces, requieren que se les quite el polvo acumulado en sus hojas con un paño suave ligeramente humedecido. Puedes vaporizarlas con un pulverizador.

  • Disfrutarlas. Al entrar en un jardín o en un salón en el que haya flores y macetas (siempre y cuando no seas alérgico) ¿qué efecto te produce? ¿te proporciona sensación de bienestar?

  • Comunicarse. Te invito a que hables con tus plantas, a que les envíes tu energía positiva, a que les digas palabras bonitas (bella, hermosa o bonita pueden valer para empezar). Déjate querer por ellas, sintiendo su belleza y el bienestar que te produce verlas sanas y robustas.



“Caminar en la naturaleza es beneficioso para las personas, debido a las sustancias que expelen los árboles”, dice Lucy Gómez, quien nos recuerda la práctica japonesa denominada Shinrin-Yoku o “baño de bosque”, consistente en pasear de forma lenta, conectando con la naturaleza a partir de nuestros sentidos. “Sirve para reducir el estrés y el malestar emocional, partiendo del principio de que se trata de disfrutar de esa comunicación con el bosque”.


“Las ciudades se convierten en lugares más amables mediante las plantas”, dice Lucy Gómez, que nos invita a “tener un jardín, aunque sea en un vasito”

Para quienes habéis tenido la paciencia de llegar hasta aquí, e incluso sois algo descreídos con respecto a la comunicación con las plantas, decíos que, al hablar, por ejemplo, con tu rododendro resulta que estás expulsando CO2 (dióxido de carbono), que aquél absorbe para su proceso de fotosíntesis.


Pero es que tu planta libera O2, es decir, oxígeno, que empleamos en nuestro proceso de vida. Así que, si no eres de los que establecen diálogo con sus compañeros de maceta, te propongo que les cantes o que, al menos mentalmente, les envíes tu mejor energía.

Es lo que hago en estos días con la orquídea, cuya fortaleza y resistencia alabo cada vez que levanto la mirada de la pantalla. Mientras escribo este párrafo, sin ir más lejos, acabo de decirle varias veces ¡bonita!.


¡Felices Diálogos con las Plantas! ¡Feliz Coaching!



Y recuerda que…

  • En el reino vegetal las redes de micorrizas permiten que las distintas especies se conecten para el intercambio de nutrientes, agua y carbono.

  • Mediante sus veinticinco sentidos, las plantas saben qué es lo que se aleja y qué es lo que se acerca.

  • Caminar en la naturaleza es beneficioso para las personas, debido a las sustancias que expelen los árboles.

  • El Shinrin-Yoku o “baño de bosque” es una práctica japonesa consistente en pasear de forma lenta, conectando con la naturaleza.

  • Todos los seres vivos pertenecemos a un mundo sistémico, interrelacionado.

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