• Silvia Resa López

El amor es lo que cuenta



La veo en el jardín, con su coqueta pamela y una delgadez soñada por ella desde joven. Al mirarla noto que me sonríe. Al abrazarla, noto que me percibe. Al separarnos, noto una lágrima en sus ojos.


Ella es una de mis personas más favoritas que, como en la canción, tiene la cara bonita. Cada vez más y más bonita. Como su alma.


Dado que el calor de julio aprieta, ya cercanos al mediodía, vamos al interior del edificio. Nos sentamos en una sala y procuro mirarle directamente a los ojos.


De repente, me hace saber que quiere ir a alguna parte y, al hacerlo, se dirige hacia la biblioteca. Encantada de confirmar que quien tuvo, retuvo, le pregunto si desea leer; corrijo y le digo si quiere que le lea algún libro. Como parece indecisa, soy yo quien escoge y volvemos a la sala.



Comienzo la lectura en la primera página, justo en el diálogo. No sé en qué punto de la novela estaba, así que vuelvo a empezar.


Es lo que tiene la enfermedad de Alzheimer, que siempre filtra los recuerdos, dejando que permanezcan las sensaciones del amor. Así que antes, durante y después aprovecho para abrazarla.


Más de doce segundos, que es tiempo recomendado por los especialistas para mejorar el equilibrio homeostático, pero especialmente el emocional. Como si dura veinte o treinta segundos. Se para el tiempo y deseo conectar con esa alma sabia que alberga lo mejor de su ser, su esencia.


Sigo leyendo a Rafael Sánchez Ferlosio, libro que escojo porque lo que cuenta le puede sonar a la vida que ahora le es más cercana: la de su adolescencia y juventud.


Me detengo de cuando en cuando, para recordarle que es bueno conectar. Pero se lo digo con los ojos. Justo entonces le explico alguna de las escenas y pongo voces y tonos acordes con los diálogos de los personajes de El Jarama.


En una de esas pausas, levanto la vista y me doy cuenta de que ha cerrado los ojos. Es su pequeña siesta previa al almuerzo.


Dejo el libro, le cojo una de sus manos bellamente añosas y se la acaricio. Su piel es suave y mantiene la tersura de tiempos mejores.


Sé que, aunque no me reconoce por fuera, me identifica por dentro: mi voz la arrulla, mi sonrisa la acompaña; mi mirada le revela el mismo mensaje que le aportan mis largos abrazos: Te quiero, mamá.


Y es que, tal y como dice el personaje interpretado por Julianne Moore en "Siempre Alice", después de que su hija (Kristen Stewart) le lea un fragmento de un libro: "amor. Sí, amor" a lo que Lydia le replica: "sí, mamá, trataba del amor".


¡Feliz Amor! ¡Feliz Coaching!


Ilustraciones y retrato: Ágata del Barco

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