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  • Foto del escritorSilvia Resa López

¿Deseas disfrutar de la vida?

Sabes estar sin hacer nada en absoluto? ¿te dedicas un poco de tiempo cada jornada? ¿te diviertes e incluso juegas con la misma intensidad que cuando eras más joven? ¿escuchas a tu cuerpo? Desde el Coaching te propongo volver a conectar contigo para sentir el placer y el disfrute de la vida


Tengo una amiga que no tiene tiempo para nada.; al menos, es lo que ella cree y se dice en todo momento. Para ella el día habría de tener 28 horas y ni siquiera así está segura de alcanzar a hacer.

Es este último término, hacer, el que gobierna su vida. Sin embargo, cuando le pregunto qué cosas hace por ella, me responde que va aquí y allá, asiste a presentaciones y a eventos para los que debe prepararse previamente.

Hace cosas para sus hijos, para su marido, para una vecina o para una compañera del gimnasio.


Para ella esos son sus tiempos de calidad, aunque lo que percibo es una desconexión consigo misma, con su sentir. Si le sugiero que dedique algún rato del día a “no hacer nada”, me responde, claro está, que “no tiene tiempo”.

“Hemos perdido la capacidad de divertirnos, de jugar, de relacionarnos, descansar y cuidarnos”, dice Raquel Rús, sexóloga, experta en comunicación Consciente y profesora de Eneagrama; “solemos castigarnos, sin darnos cuenta que la idea no es sólo dejar de sufrir, sino también disfrutar”.


Aprender a sentirnos


“Más allá del sexo, de las drogas o de la comida, hay un tema social que nos afecta a todos, como es disfrutar de nuestro cuerpo” dice Rús, que ha ofrecido una clase magistral online en la que se preguntaba “¿Por qué crees que no tienes derecho al placer?”; “se trata de un cuerpo abierto donde podemos empezar a ser, sin que la mente nos castigue por ello”.

Para esta experta, los síntomas que avisan de la necesidad de reconectar con tu ser tienen que ver con varios aspectos:



  • Sin control. Sientes que no tienes el control de tu vida, que los eventos te arrastran y te cuesta sostenerte.

  • Emociones. No sabes qué hacer cuando te sobrepasan las emociones, intentas bloquearlas, ser fuerte, pero nada te funciona porque no se van.

  • Autojuicio. Te consideras una persona rara, como una extraña que no termina de encajar donde está.

  • Enfado. Saltas y estallas en el momento menos apropiado alejando a personas importantes para ti.

  • Obligaciones. Tu familia y las obligaciones asociadas son como un peso que no te permite avanzar, te deja sin fuerzas y sin ganas de nada.

  • Sin parar. Vives con un nudo en la garganta y el estómago, en un estado de hiperactivación altísimo porque parar te aterra y no sabes cómo hacerlo. El mantra es: “me da miedo parar porque no soy suficiente”.

  • Autocensura. Decir lo que sientes o piensas es todo un reto que te deja mal cuerpo y cuando lo intentas hacer parece que nadie te entiende.

  • Fuera de marco. No comprendes por qué los demás actúan, cómo lo hacen, les juzgas y te culpas, lo que afecta a tus relaciones de pareja, con tus hijos, familia de origen y compañeros de trabajo.

  • Autoanulación. Te bloqueas, te pones la última, te quitas importancia.


“Vivimos una época de culto a la exigencia, a la eficiencia, por lo que llevamos un ritmo que no es el nuestro”, dice esta experta en comunicación consciente; “sometemos a nuestro cuerpo a un control para que cumpla con nuestras pretensiones, sobre todo estéticas”.

Según Raquel Rús, que cita a la periodista estadounidense Celeste Headlee, en su libro “La importancia de no hacer nada”, “nos han enseñado que lo importante es hacer, lo que nos provoca la sensación de vacío, por lo que debemos reconectar con lo que deseamos”.


Enemigos del placer


“El placer se siente, no se piensa”, dice Raquel Rús; “de forma transgeneracional, el concepto de una sociedad comprometida con el trabajo duro se ha llevado hasta los hogares, de manera que ser adicto al trabajo y no tener tiempo en casa es lo mejor”.

A ello se añaden las exigencias sociales, que resolvemos no dejándonos sentir, “ignorar nuestras necesidades nos lleva a la depresión y a la enfermedad”, dice esta sexóloga; “lo primero es tomar consciencia de cómo hemos desconectado de nosotros mismos”.

¿Cuáles son los obstáculos que dificultan nuestra propia conexión? La terapeuta enumera los siguientes:



  • Culpa. No hacemos caso al cuerpo. Mantenemos un diálogo interno castigador si el cuerpo no llega donde desea la mente. No pedimos abrazos, aunque los deseemos.

  • Falta de tiempo. Ésta es una de las principales quejas y lo curioso es que otorga cierto estatus, prestigio social. Desde finales de la década de los 90 del siglo pasado se instauró la creencia del “todo es para ayer”. Siempre hay demasiado que hacer y no disponemos de tiempo para, por ejemplo, leer un libro. “Atendemos lo urgente y olvidamos lo importante”.

  • Autoexigencia. Sin espacio para ser, para contemplar la vida; las mujeres sufren una mayor presión social, se sienten juzgadas.

  • Desconexión del cuerpo. Sencillamente, anulamos sus mensajes, poniendo en juego la salud en todos los ámbitos: físico, psicológico, emocional y espiritual.

  • Necesidad de control. Lo que valoramos es no salir de la norma, de la rueda, sin aceptar que la vida es fluida.


Raquel Rús nos propone responder a la pregunta: “¿cuánto placer eres capaz de soportar?”; “las mujeres se subestiman en mayor grado, pues la cultura les impone ser para los demás, se les exige más”.

No obstante, la reconexión es relevante para todos, pues a cada cual le corresponde un reto: “los hombres han de conectarse con la emoción, mientras las mujeres lo han de hacer con el placer y el enfado, esto es, expresando lo que cada cual desee”.

Entre las reivindicaciones pendientes, la sexóloga apunta “el derecho al placer sexual”; “existen diversos estudios que establecen la correlación entre la falta de placer y el índice de violencia mayor”.


Fórmula mágica


¿Cómo alcanzamos esa capacidad de disfrute? La buena noticia es que todos podemos entrenar diversos hábitos para alcanzar el placer de vivir.

Raquel Rús nos propone algunos:



  • Atender a nuestro mundo interno. “Hemos de buscar en el cuerpo y dentro, en vez de hacerlo en la mente y fuera, como hasta ahora”.

  • Apreciar lo que tenemos, que pueden ser cosas pequeñas que nos hagan felices. “Invierte en aquello que te puedas llevar al morir”.

  • Dar prioridad a lo importante, frente a lo urgente.

  • Buscar lo que nos llene, lo que nos haga vibrar y nos dé vida, es decir, el placer.

  • Sentir lo que a veces no deseamos sentir para procesarlo todo. Escuchar el mensaje de nuestras emociones, nuestro cuerpo.

  • Abrazar las partes que rechazamos de nosotros mismos.


Un aspecto más, que me ha encantado como reflexión final, y que te dejo en palabras de Raquel Rús: “la ociosidad y el aburrimiento abren el camino a la reflexión, además de fortalecer nuestro sistema inmune”.


¡Feliz Disfrute de la Vida! ¡Feliz Coaching!



Y recuerda que…


  • Vivimos una época de culto a la exigencia y a la eficiencia, por lo que llevamos un ritmo que no es el nuestro.

  • Podemos recuperar la capacidad de divertirnos, de jugar, de relacionarnos, descansar y cuidarnos.

  • Invierte en aquello que te puedas llevar al morir.

  • Hemos de buscar lo que nos llene, lo que nos haga vibrar y nos dé vida, es decir, el placer.

  • Empezar a ser, sin que la mente nos castigue por ello, es el elemento principal para disfrutar de la vida.

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