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  • Foto del escritorSilvia Resa López

¿Deseas aprender a meditar?

¿Sabes meditar? ¿con qué técnica alcanzas el estado de calma y serenidad? ¿conoces sus beneficios físicos, psicológicos, emocionales y hasta espirituales? ¿te gustaría iniciarte en esta práctica? Desde el Coaching te propongo acercarte a esta experiencia para ser más consciente de quién eres en realidad


Hace años, cuando el “Hatha Yoga” se hacía popular, me inicié tímidamente en la práctica de la meditación. O eso creía yo. Recuerdo que se hablaba de la relevancia de “poner la mente en blanco”, aunque como novata en estas lides era y es un estado que no he sido capaz de alcanzar.

“La meditación es simple, aunque costosa”, dice José Manuel Sánchez, socio fundador de Centro de Estudios del Coaching (CEC); “con ella se cultiva la recurrencia, la constancia y la permanencia, que llevan al ser humano a lograr aquello que se proponga”.

La labor divulgativa de este experto se centra en el principio de que “la peor meditación es la que no se hace”, por lo que propone enseñar “a no hacer nada” y que lo más importante es que “te pongas y lo hagas”.

“Mucho se habla de esta práctica que supone una auténtica revolución en la autogestión del organismo, en la mente, en las emociones y en el espíritu”, dice Sánchez; “sus posibilidades son inmensas y la ciencia moderna apenas empieza ahora a percibirlas”.

Aunque los beneficios de la práctica de la meditación son numerosos, José Manuel Sánchez destaca algo fundamental, como son “las respuestas que te trae de la comprensión sobre el mundo y sobre ti mismo”.

Herramienta de primer orden


En la divulgación de las técnicas meditativas se ha cruzado otra práctica más “occidental”, por así decirlo. Se trata del llamado mindfulness.


“Su origen está también en el Budismo”, dice José Manuel Sánchez; “pone el foco en la atención plena, en el escaneo del cuerpo, el origen de los pensamientos y la respiración, si bien la meditación es una práctica más completa, pues propone la desidentificación y, por tanto, la conexión con el mundo espiritual”.

En a base de ambas prácticas está el objetivo de sanación, en respuesta a los siguientes retos:

  • Lo que nos pasa. Lo que vives como desafíos en tu vida son tensiones emocionales adversas debidas a la forma en la que te relacionas con lo que te ocurre.

  • Tensión excesiva. Cuando la tensión se eleva por encima de tu nivel de tolerancia, colapsas y tienes que hacer cualquier cosa para rebajarla.

  • Sin el trabajo adecuado, esa pretendida regulación de la tensión la llevas a cabo de forma irregular. Caes en la queja, el silencio o te encierras en ti mismo. Puede que agredas, chilles, mientas y eludas responsabilidades. O también puede que trivialices las cosas y actúes como si nada tuviera importancia o no te afectase.

“La meditación es una herramienta que sirve para gestionar de manera más eficiente las tensiones emocionales y así canalizar mejor el estrés, la rabia, el miedo, la tristeza, la responsabilidad ante los propios errores, la dureza de la verdad, la sinceridad o la vergüenza”, dice el socio fundador de CEC.

Múltiples beneficios


Existe un primer grupo de beneficios relacionados con la práctica de la meditación y que tienen que ver con los neurotransmisores: dopamina, serotonina, oxitocina e incluso melatonina se activan y nos permiten pasar del sistema nervioso simpático al parasimpático, lo que se traduce en que dejamos de ser reactivos.


La reducción del riesgo cardiovascular o el incremento en la capacidad de la memoria son otros beneficios biológicos o físicos que se producen por la práctica meditativa prolongada (durante ocho semanas)

“Tras esta primera capa de beneficios, la meditación es también un viaje a las profundidades de uno mismo y a las preguntas que te haces, en lo más profundo”, dice José Manuel Sánchez; “quién soy y cuál es el para qué de esta existencia son parte de estas cuestiones, cuya respuesta está en el interior de cada uno, más allá del silencio”.

Un segundo grupo de beneficios son de naturaleza psicológica; “al mirar hacia adentro y encontrarte contigo mismo en el silencio, empiezan a ocurrir cosas”, dice Sánchez; “nada nace genuino si no es desde el silencio, pues si no paras tu software automático, no tienes forma de saber qué hay detrás”.

Toda esta dinámica sucede porque el ser humano está diseñado para la supervivencia en el corto plazo; “el cerebro ahorra energía y genera automatismos, con lo que uno cree que eso es su yo, cuando no es así”, dice el director de CEC; “si no callas, no puedes saber qué hay detrás”.

En la meditación la respiración se utiliza como anclaje para liberar emociones; “el simple hecho de mirarte hace que te veas, como si te alejases de tu programa; ves automatismos, tu propio comportamiento, lo que supone un beneficio si eres capaz de verlo todo sin juicios”.

Sin embargo, “mirarse, verse en el espejo y tener el coraje de nombrarlo no supone cambiarlo, sino ser compasivo con uno mismo, siendo consciente de lo que ocurre”.

Un tercer beneficio, propio exclusivamente de la meditación, es el proceso de desindentificación, es decir, acercarse cada vez más a lo que cada cual es, aunque no seamos capaces de nombrarlo.


Por ejemplo, se puede ser un hombre, una mujer, padre o madre, bombero o piloto, aunque no se es solamente esos roles.

“Todos tenemos dentro un agujero vacío que, de vez en cuando, se llena de forma pasajera con una conversación, un curso o un encuentro con determinada persona”, dice José Manuel Sánchez; “aunque después vuelve a vaciarse”.

Existe aún otro beneficio más (éste es, sobre todo, para espíritus avanzados), que se define como el “encuentro con el nodo de la unidad, la interconexión”.

¿Cómo meditar?


Insiste, persiste y no te rindas. Tal puede ser el mantra para los iniciados en la práctica de la meditación. Dice José Manuel Sánchez que no existe una forma incorrecta de meditar, a excepción de la que se posterga. Se trata de un entrenamiento diario que puede iniciarse con cinco minutos e irse prolongando hasta los veinte o treinta minutos.


Es cierto que la práctica hace al maestro, así que, si estás interesado en la meditación, ponte a ello. El director de CEC considera que existen cuatro pilares o aspectos básicos:

  • Postura. Es la consideración del cuerpo como templo. Puedes meditar sentado. Los pies, en el suelo. La espalda recta, sin apoyarla en el respaldo del asiento, ojos cerrados y la barbilla ligeramente hacia abajo. Las manos puedes colocarlas con las palmas hacia arriba o, si te es más cómodo, hacia abajo, sobre los muslos.

  • Respiración. Es el anclaje, el anzuelo para la mente. Respira sin forzar, utilizando las fosas nasales tanto para inspirar como para espirar. “A esta conexión se la relaciona con la expresión poner la mente en blanco”.


Es importante que tengas en cuenta que tu mente irá y volverá constantemente, sobre todo al principio de tu entrenamiento. “Cuando te des cuenta de que te has ido del proceso meditativo, simplemente vuelve; sin juicio, sin queja, sin esperar resultados”, dice José Manuel Sánchez; “es como un proceso de siembra continuo, donde aplicas la recurrencia”.

  • Intención. Tiene que ver con la voluntad, de querer permanecer, “te conviertes en el dueño de tu mente”.

  • Sangha o grupo. El acompañamiento es vital para casi todo en la vida. “Es difícil iniciar el camino de la meditación en solitario”, dice Sánchez; “aunque con el tiempo es el objetivo que se persigue, la meditación a solas; no obstante, ésta es una manera de hacerlo paso a paso”.


Si has llegado hasta aquí, te propongo el reto de la meditación diaria. He empezado mi entrenamiento esta misma semana, a través de la atención plena, esto es, poner la voluntad y la consciencia en todo aquello que hago.

Por ahora voy bien. Y tú ¿te animas entonces a sanar a través de la meditación?

¡Felices Momentos Conscientes! ¡Feliz Coaching!


Y recuerda que…

  • La meditación es un proceso simple, aunque costoso.

  • Esta herramienta, cuyo origen está en el Budismo, te permite gestionar las tensiones y canalizar el estrés.

  • Beneficios biológicos, psicológicos, mentales y espirituales son el resultado de la práctica prolongada de la meditación.

  • Nada que ver con “poner la mente en blanco”, sino más bien con la mirada interior sin juicio y con compasión hacia ti mismo.

  • Lo genuino nace desde el silencio.

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