• Silvia Resa López

¿Cotilleamos un rato?

Dicen por ahí que los humanos somos cotillas. Que sentimos una curiosidad innata por conocer y saber más a propósito de nuestros vecinos, compañeros de trabajo e incluso de la gente famosa. En el ámbito antropológico estas conductas se explican, al parecer, por un afán de pertenencia al clan, al grupo, a la sociedad en la que vivimos. Sin embargo, ¿es lo mismo curiosidad que cotilleo? ¿qué beneficios nos aportan tales comportamientos?


Hace ya más de veinte años que empezó a emitirse en España el programa de telerrealidad Gran Hermano. Consistía en la convivencia de diversas personas en una casa monitorizada durante las 24 horas del día. El espectador podía observar las experiencias de los concursantes, como si de un hormiguero se tratase. Permaneció durante 18 temporadas y más de tres lustros en pantalla. Indudablemente, interesaba a muchos espectadores.

Nunca vi ningún episodio; sin embargo, en cierta ocasión pregunté a una compañera de trabajo qué es lo que le atraía del programa; “me relaja verlo”, me comentó María.

Acepté su respuesta, llegando a entender, aunque no a comprender. Tiempo después llegué a una conclusión acerca de mis valores, siendo uno de ellos la independencia. Dado que no me gusta que me espíen, soy consecuente con ese criterio. Es decir, no tengo interés alguno en conocer al detalle cómo viven otras personas, a no ser que ellas deseen compartirlo para un fin práctico y concreto.



Más adelante, mientras me formaba como coach, uno de mis mentores subrayó el hecho de que, como profesionales, acompañamos a nuestros coachees en sus respectivos procesos, por lo que no es importante conocer los entresijos de un conflicto, ni siquiera con quién se ha producido. Únicamente es relevante el reto, el objetivo escogido por nuestro cliente, a quien acompañamos durante las sesiones de Coaching.


¿Curioso o cotilla?


No es preciso pensar en “la vieja el visillo”, el icono humorístico de la cotilla perfecta, para saber que la discreción no es precisamente uno de sus valores. Por el contrario, hay otras personas que llegan a conocer datos de un tercero y evitan compartirlos, quizá porque ello no les reportaría beneficio alguno.


Esto último es relevante, pues si el hecho en sí mismo nos produce placer o divertimento, no dejaremos de hacerlo, por mal que esté visto socialmente. De hecho, algunos expertos distinguen entre el cotilleo sano y el patológico. El primero se definiría como destreza social; el segundo, como una “conducta cruel con intenciones egoístas”.


Así lo ha definido Joan Ramón Soto en una entrevista reciente en la emisora de radio Cope. Este experto en diagnóstico de ansiedad ha estudiado el fenómeno del cotilleo y diferencia el que define como sano “como destreza social, una herramienta que ayuda a mantener el orden social y coadyuva a reducir el estrés”, lo que puede ayudarnos.




“El insano es aquél mediante el que vamos a buscar el placer inconsciente que nos produce el hablar mal de la persona que tenemos delante, o también de esa otra de la que hemos oído o nos han hablado”, dice Soto; “de esta manera, entramos en un embrollo caótico del cual no conocemos todos los detalles, ni siquiera lo hemos investigado”; “es una especie de morbo consciente e inconsciente que nos produce placer emocional y psicológico”.


Entrar en bucle


En términos generales, el cotilleo no está bien visto socialmente, por mucho que en ocasiones nos ayude a integrar nuestra dimensión colectiva, de grupo.

Sin embargo, la profusión del contenido de las diversas redes sociales ha facilitado la popularidad de esta práctica; “no sólo es más fácil, sino que su propagación es más veloz”, dice el citado terapeuta, quien insiste en que “lo sano estaría en poder hablar de cualquier tema, incluso refiriéndonos a una tercera persona, pero sin entrar en críticas, juicios, insultos o en desearle mal alguno”. Para Joan Ramón Soto, “en este último caso entraríamos en algo que tiene que ver más con la frustración, dándose un proceso de proyección, es decir, cuando critico al otro estoy hablando de alguna parte de mi interior reprimida y, como no puedo identificarla en mí, ni siquiera enunciarla, aprovecho para entrar en ese cotilleo malsano en cuanto alguien me da pie”.


Salen entonces, según este experto, las sombras, “las bajas pasiones, incluso la degradación del ser humano”.


En la otra cara, el chismorreo puede ayudar a las relaciones sociales, evitando quedarse apartado, tal y como explica Soto: “es una forma de interactuar, de socializar, de comunicarse con los demás, pero siguiendo el esquema de que lo exponemos, lo comentamos y no caemos en la crítica malintencionada o en dinámicas destructivas hacia la otra persona”.


El fisgoneo sería, entonces, “socialmente aceptable, pudiendo considerarlo una herramienta de comunicación, de relación con los demás, de respuesta sana en la comunicación con mi interlocutor”, dice Joan Ramón Soto.


¿Eres objeto de cotilleo?


Sea de forma sana o insana, puede que el hecho de que alguien curiosee en tu vida, en tu trabajo, en cómo vives o con quién te relacionas te moleste. Si eres objeto del fisgoneo de alguien, te propongo entrenar tu paciencia y tu compasión empática.



  1. Evaluación. ¿Cómo te afecta realmente ese comentario malicioso que alguien ha hecho de ti? ¿Daña tu reputación? ¿Hiere a tu ego? ¿Te irrita porque uno de tus valores es la discreción?

  2. Equilibrio. Si respondes que no a las cuestiones anteriores, a pesar de que la independencia sea tu valor favorito, te propongo desoír el chismorreo.

  3. Evitar juicios. Aunque pueda costar un poco al principio, te invito a evitar el juicio sobre la persona o personas que han cotilleado sobre ti. Puedes pensar que sus motivos tendrán, pero son razones que son totalmente prescindibles para ti.

  4. Compasión empática. Si has llegado hasta este punto, ya sabes la explicación que da el especialista: cuando alguien fisgonea, lo que realmente hace es proyectar aspectos de sí mismo que no se atreve a confrontar. Puede que detrás de tal conducta exista una de las emociones primarias más poderosas: el miedo.

  5. Comprensión. Se dice que lo opuesto a la admiración es la envidia, otra emoción poderosa por el control que toma en la persona que la padece. Si siente envidia por cómo vives, con quién, por tu actividad laboral o tu núcleo de amigos, te invito a entrenar la comprensión, pues bastante tiene con el trabajo emocional que quizá tenga que confrontar.

  6. Decir lo que piensas. Si tienes ocasión, habla con esa persona. Al expresarle el malestar que causa, quizá consigas que evite tales conductas, al menos hacia ti.

  7. Relativiza. Pon en contexto la situación de la otra persona. También tu propia situación. Si tú no le das poder, el/la cotilla no podrá dañarte.


Si tú eres el indiscreto


Hay muchos términos que expresan la acción de cotillear. Consiste en hablar de forma indiscreta y/o maliciosa sobre alguien o sus asuntos. También se cotillea cuando se husmea o se fisga. Incluso cuando se cuenta algo con fines aviesos, por el mero placer de ser malicioso.




Desde el Coaching te invito a reflexionar acerca de las posibles consecuencias que puede tener un comentario de tales características en la vida de la persona o personas agraviadas. Te propongo que, evitando juicios y Diario Coaching en mano, des respuesta a los siguientes tips:


  • ¿Para qué haces comentarios sobre otra persona?

  • ¿Qué hay detrás de esa conducta? ¿Qué es lo que te resuena?

  • ¿Con cuál o cuáles de tus valores coincide?

  • ¿Has pensado en las posibles consecuencias que puede tener para esa persona?

  • ¿Crees que aportas algo valioso a quien le transmites tu indiscreción?

  • ¿Qué beneficio obtienes tú en este proceso de cotilleo?

  • ¿Qué tal si entrenas la discreción como valor?

Y recuerda que…

  • La curiosidad que sentimos por los asuntos de los demás puede ser una herramienta para seguir vinculados al clan

  • Algunas personas que llegan a conocer datos de otra evitan compartirlos, quizá porque ello no les reportaría beneficio alguno

  • El fisgoneo ha encontrado una vía de difusión más rápida a través de las redes sociales

  • ¿Te gusta chismorrear acerca de otras personas? Te invito a observar cuál es el beneficio que obtienes con ese tipo de conductas

  • Cuando alguien cotillea sobre tu forma de vivir o de ser, puedes negarle el poder que cree tener sobre ti simplemente ignorándolo

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