• Silvia Resa López

Certezas propias y ajenas

¿Has visto la película “Ni un pelo de tonto? Está basada en un libro del escritor estadounidense Richard Russo y, cada vez que la veo, me trae al alma nuevas certezas. La última ha sido como una señal, pues justo ese día había tenido una sesión con una experta canalizadora, quien me explicó que hay ocasiones en las que el amor no se expresa como debiera, generando entonces consecuencias en apariencia contrarias a aquello que se espera. Aunque en el fondo existen las certezas, que pueden tomar la forma de, por ejemplo, la fe.



En “Ni un pelo de tonto” se cuentan muchas historias que, de forma sistémica, se engranan y encajan con una central, como es la gran herida transgeneracional de una familia de clase media norteamericana.


He tardado en identificarlo, aunque la sesión con Teresa me ha permitido tener una certeza, como es que, en ese grupo familiar, vecinal y de amigos que nos presenta el film hay mucho amor, comprensión, compasión y hasta empatía.

Sin embargo, son numerosas las ocasiones en las que estos valores no se expresan, no se explican, no se muestran debidamente; así que se producen desencuentros, abandonos, algunos rechazos y hasta humillaciones que se asumen por parte de los personajes como si de un guión fluido se tratase.


Aquí, en este punto, es donde he empezado a comprender que la certeza proviene del fluir, del aceptar, del comprender que hay ocasiones en las que es preciso ir hacia atrás, tomar carrerilla y saltar el obstáculo.

Dos de mis personas favoritas están ya en otro plano. Una de ellas trascendió hace tiempo; la otra se ha quedado en lo que yo creía que era estar atrapada entre niveles. No entendía cómo podía estar así desde hace años, recluida en su mente y con un mirar de dolor y sufrimiento que me hacía boquear cada vez que la visitaba.


Sanadores


“Todas las mujeres que se curan ayudan a sanar a las que las precedieron y a las que vendrán después”, dice una de las frases atribuidas al escritor estadounidense Solomon Northup; “cualquier cambio en una misma supone una oportunidad de crecimiento para los demás”.

En relación con ello, te traigo dos aportaciones de grandes expertos relacionadas con el proceso de sanación para lograr nuestras propias certezas.

La terapeuta estadounidense Rebecca Linder, en su libro “Como sanar tu historia familiar” propone un proceso integrado por cinco pasos:




  1. Identificación. Conocer aquellas creencias familiares que puedan influir en los comportamientos que deseas evitar. Se trata de saber qué es lo que hay que cambiar. En este punto, desde el Coaching te propongo que identifiques cuál es el dolor que sientes: ¿se trata del rechazo? ¿o es el abandono?

  2. Superación. Linder nos propone superar los juicios acerca de nosotros mismos y de los demás. Aquí te invito a ser consciente de dónde se encuadra ese dolor que experimentas ¿lo achacas a tu madre? ¿es a tu padre?

  3. Salir del bucle. Rebecca Linder invita a no quedarnos atrapados en esa espiral de dolor durante el proceso de superación.

  4. Redescubrir. Tu belleza interior, transformando debilidades en fortalezas. Para ello, Linder propone romper las codependencias, para así liberarnos. La evitación del juicio nos incita a perdonar a los demás.

  5. Conexión. Para terminar el proceso, es conveniente establecer la conexión espiritual. Para ello y, aunque no lo entendamos, hemos de aceptarlo, sin pelear con la realidad.


Por su parte, el consultor y formador de Tarot Ismael Sánchez nos propone una terapia para sanar esa carga inconsciente familiar mediante una de las herramientas más versátiles del Coaching, la visualización.



  • Llamada a la Madre. Se trata de apelar al espíritu de nuestra madre, a quien imaginamos en forma de silueta y le decimos: “mamá, honro el precio físico entero que te costó ser portadora de mi vida; ahora tomo mi tiempo y, en tu honor, lo vivo con gratitud” De esta manera, me hago responsable de ese tiempo que me ha sido otorgado.

  • Llamada al Padre. Apelamos de nuevo, esta vez al espíritu de nuestro padre, cuya silueta visualizamos. Le decimos: “papá, honro el precio energético entero que te costó ser portador de mi vida; ahora tomo mi tiempo y, en tu honor, lo administro con firmeza”

  • Visualización de ambos. Seguidamente, imaginamos a nuestra madre a nuestra izquierda y a nuestro padre situado a nuestra derecha. Ambos están detrás. Honramos a la primera en cuanto al precio físico y al segundo en cuanto al precio energético de ser portadores de nuestra vida.

  • La retirada. Decimos a ambos las siguientes palabras: Gracias, Por favor y Sí. Imaginamos ahora cómo se retiran ambos, al marcharse. Delante, vemos ahora el mundo. Cerramos la visualización.


“Busca tu paraíso cada día, aquello que te conecte”, nos propone Ismael Sánchez; “muchas personas están cansadas, por lo que necesitamos experimentar ese paraíso, un ratito al menos”

Sánchez participó en el congreso virtual “Tiempo para Volar”, organizado por Vero Fernández, coach y mentora experta en Coaching de la Consciencia, en marzo de 2021.

Para quienes habéis llegado hasta aquí, resuelvo un poco la madeja que he empezado. Resulta que la “capa de plomo” que desde hace unas semanas llevaba por encima de mi alegría no era más que un exceso de información.



Es decir, había estado acumulando datos, emociones y sensaciones como si de un contenedor se tratara, sin atender a mi propósito de fluir, de continuar con mi vida.

La persona favorita que había trascendido intentaba hacerme llegar una certeza, la de la fe, la de no tirar la toalla. Más yo no podía escuchar (o tal vez no quería) dado el gran dolor que experimentaba por mi otra persona favorita, la que no ha trascendido.

Y hay más, ya que esta última parece decidida a quedarse por más tiempo, aunque aparentemente parezca no estar. Lo suyo es una promesa, la de protegerme, la de acompañarme en un acto de amor infinito, incondicional.

Así que me he dado cuenta de otra certeza: el enfado que tenía con esta persona no era otra cosa que el miedo a perderla, a que se vaya, a dejarla partir.

¿Ves? Se trata de un acto de amor, tanto por su parte, al acceder a sufrir una grave enfermedad, como por la mía, al quererla mucho, mucho más de lo que puedo expresar.

En estos días entreno mi fe en que todo va según el plan previsto; entreno mi comprensión y dejo fluir mi amor, hasta lograr dejarla marchar cuando llegue su momento.


¡Felices Certezas Propias! ¡Feliz Coaching!



Y recuerda que…

  • ¿Son todas tus certezas propias? ¿Qué hay detrás de ellas?

  • Te propongo que dejes atrás esa tristeza que no es tuya.

  • El equilibrio entre evitar el juicio, la desidentificación con lo que no somos y la aceptación de lo que sí nos permite fluir.

  • Hay personas que establecen un pacto de amor incondicional y para siempre.

  • En estos días entreno mi fe en que todo va según el plan previsto y dejo fluir mi amor.

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