• Silvia Resa López

Cambiar de frecuencia

Dicen los expertos que, todo lo que vive en este planeta, lo hace vibrando a una frecuencia determinada; en los seres humanos las emociones modifican el nivel vibracional que, al coincidir por ejemplo con el de un virus, permite que se convierta en nuestro huésped, por lo que a veces enfermamos. El reto está entonces en cambiar nuestra frecuencia hasta un umbral de equilibrio. Desde el Coaching te invito a buscar en tu dial la frecuencia idónea, y no sólo para ponérselo difícil a la enfermedad.



Hace unos años, durante un viaje de ocio a la capital portuguesa, Lisboa, tuve que hacer una gestión en un edificio oficial. Se trataba de un papeleo rápido, por lo que no me incomodó esperar mi turno en una sala dispuesta para ello. Sin embargo, al transcurrir los minutos, empecé a notarme fatigada, cada vez más cansada, hasta el punto de tener que salir al exterior a tomar el aire.


Fue en ese momento cuando me di cuenta de que estar en el interior de ese edificio me afectaba, bajando mi nivel energético y debilitándome. Aunque volví y resolví lo más rápidamente posible, posteriormente necesité de al menos un par de horas para lograr el equilibrio. La intuición me llevó a centrarme en una actividad que me producía bienestar: un paseo por la playa, además de un buen “abatanado”, que es como denominan al café solo y doble en tierras lusas.


Sin saberlo conscientemente, estaba conectando con algunos de los elementos que me sanaban: el contacto con el mar, con la luz del sol y con una de mis pasiones: un buen café.


Banda de frecuencia


En lenguaje radiofónico y televisivo, una banda de frecuencia se refiere al intervalo de frecuencias entre dos límites definidos. Según David R. Hawkins, en su libro “Poder versus Fuerza”, nuestro planeta tiene una frecuencia de 27,4 hercios; hay lugares que vibran más bajo, como los hospitales, centros asistenciales, cárceles y subterráneos, donde la vibración cae a 20 Hz.


Las bandas de vibración baja nos las produce el dolor, pues estamos en una frecuencia entre los 0,1 a 2 Hz, el miedo (0,2 a 2,2 Hz), la irritación (0,9 a 6,8 Hz), el sentimiento de orgullo (0,8 Hz), la sensación de abandono, cuando vibramos a 1,5 Hz, la de superioridad (1,9 Hz), pero también el ruido, con una banda de frecuencia situada entre los 0,6 y los 2,2 hercios.

En cambio, vibrar a frecuencias más altas nos permite sentir bienestar emocional, psicológico y físico, evitando probablemente la enfermedad. ¿Cómo logramos una frecuencia distinta? Hawkins, que es experto en Kinesiología, terapia basada en los movimientos del cuerpo, defiende tal disciplina para regresar a esa banda de frecuencia idónea y sitúa valores como la generosidad en una vibración de 95 Hz, el agradecimiento sincero en 150 Hz, la compasión y el amor hacia el resto de seres vivos en la misma frecuencia: 150 Hz, el amor incondicional y universal nos colocará en 205 Hz y para quienes prefieran la oración, la banda de frecuencia irá desde los 120 Hz hasta los 350 hercios.


De todo ello se infiere que las acciones que nos ayudan a vibrar alto y que desde el Coaching os proponemos son aquellas que nos hagan sentir bienestar; por ejemplo: amar, reír, agradecer, jugar, pintar, cantar, bailar, disfrutar, meditar, caminar al sol, hacer ejercicio físico, gozar de la naturaleza y también practicar una alimentación saludable.



Eugenia Orantes, coach experta en Transurfing, disciplina basada en “dejar fluir”, cita al matemático ruso Grigori Grabovoi, autor de “Números que curan” y creador de unas secuencias numéricas para mejorar la salud que “también cambian nuestra frecuencia vibratoria”; por ejemplo, la secuencia 1888948 se emplea para “migrar de la mente lineal a la holográfica”, para lo cual, según Orantes, es preciso “visualizarla en una esfera plateada ante nosotros, lo que permite que dicha frecuencia entre”; “podemos repetirla en momentos de estrés, o cuando tengamos pensamientos ansiosos, pues nos lleva a convertirlos en positivos, en pensamientos potenciadores”.


Otra de las secuencias de Grabovoi es la 1489999, que puede implementarse como vibración para la salud y la vida eterna, dice Eugenia Orantes, quien nos invita a añadir después la frase: “lo que hago para mí lo hago para el mundo”.



Parar para sintonizar


Alejandro Posada, médico y cofundador de Grupo Viavida, nos propone la autogestión de las emociones, “ya que es así como entendemos que aquellas que tienen que ver con el amor actúan como emisores de iones negativos, que son beneficiosos para la salud, debido al intercambio celular entre sodio y potasio en nuestro organismo”. El doctor Posada pone como ejemplo de entorno positivo el mar, que también proporciona iones negativos, además de que “nuestro pensar, sentir y actuar estén alineados, lo cual nos permitirá llegar a vibraciones más altas”. Alejandro Posada nos propone escuchar música a 432 ciclos por segundo, e igualmente acciones como cantar, bailar, reír, favorecer la diversidad de colores o disfrutar de la luz solar.


Según la coach Eugenia Orantes, las bajas frecuencias parten de “potenciales excesivos que se crean por un desequilibrio y cuya raíz está en la importancia; es decir, la relevancia que le damos a algo y que a su vez provoca un desequilibrio, que la naturaleza intenta compensar”; “en ese desequilibrio aparecen los potenciales excesivos, de manera que en un conflicto, la importancia se la doy a aquello que quería y no obtuve; le doy relevancia porque detrás hay una creencia limitante”.


Esta experta nos invita a una serie de acciones que podemos realizar cuando surja un conflicto:


  1. Cada vez que le dé importancia a algo, me paro. Detrás hay un potencial excesivo en forma de miedo, de vergüenza porque me comparo con los demás, de rabia o de culpa. Proyecto sobre los demás aquello que no veo en mí, lo que Carl Jung denominaba las sombras. Por el contrario, si me quiero a mí misma, no me comparo a los demás y por tanto no hay desequilibrio. En los sueños también ocurre. Nos permite integrar esa energía.

  2. Trabajar tal energía es lo que nos permitirá integrarla; es una forma de despertar, que es mirar adentro, ser consciente de lo que me impide expresar y compartir mis dones. Orantes nos invita a preguntarnos cuándo tuvimos ese miedo por última vez; si hubo alguna experiencia durante la que no tuviéramos miedo y qué ingrediente pusimos ahí: “por ejemplo, tengo miedo a hablar en público, pero ha habido una ocasión en que no; tal vez puse humor, que en este caso sería la herramienta”.

  3. Convertir la creencia limitante en potenciadora “nadie nos puede transformar una realidad interna y para cambiar el mundo he de empezar por mi microcosmos”.

  4. Es un trabajo de por vida, quitando capas y capas y vamos manifestando realidades distintas.

  5. Crear una lista en la que apunte mis sueños, mis sincronicidades: “el alma sabe lo que necesitamos, lo que nos conviene; está conectada con mi propósito”, dice Orantes; “usar esa sabiduría al servicio del alma es la sincronicidad, que reúne los mensajes que me da la vida”.

  6. Quedarnos con el mensaje y despedir al mensajero, para hacer nuestro proceso de indagación a partir de nuestras experiencias.

  7. Además de las frecuencias del matemático ruso Grigori Grabovoi, Eugenia Orantes nos propone el siguiente mantra: “todo va según el plan” justo cuando nuestra mente se sitúe en el vector negativo.



Desde el Coaching te propongo estar conectado con lo que sientes en tu interior, sea miedo, rabia, dolor, culpa o tristeza; trabajarlo y transformarlo en energía disponible, para así elevar no sólo tu propia frecuencia, sino también la del planeta. Y te invito a despertar, que significa mirar adentro y trabajar tu sombra, para ser tu mejor versión, transformando tus propias heridas.


¡Feliz Alta Frecuencia! ¡Feliz Coaching!

Y recuerda que…


  • Las emociones nos hacen vibrar a distintas frecuencias, que cuanto más altas mejor nos protegen

  • Cantar, reír, bailar, saltar o soñar aunque sea despiertos nos sitúa en una banda de frecuencia beneficiosa para nuestra salud

  • El matemático ruso Grigori Grabovoi ideó unas secuencias numéricas que cambian la realidad, nuestra frecuencia vibratoria

  • Cada vez que le damos importancia a algo, detrás existe un potencial en forma de miedo, tristeza, ira o culpa que nos desequilibra

  • Estar conectados con lo que sentimos nos permite trabajarlo y convertirlo en energía disponible, para así elevar nuestra vibración

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