• Silvia Resa López

Abrazar sin abrazos

Situaciones nuevas, escenarios nuevos y formas distintas de relacionarnos, de expresar nuestros sentires; ¿cómo muestras tu aprecio a pesar de la mascarilla? ¿crees que puedes ser afectuosa aunque no puedas acercarte a la otra persona? ¿ves posible el hecho de abrazar sin dar abrazos? ¿y sonreír con los ojos? ¿o besar con las palabras?



Hace unos días, en uno de los accesos de la urbanización donde vivo, me aproximaba a uno de mis vecinos, que venía de su paseo con Beni, su nuevo perro. Éste, una mezcla de bodeguero y galgo, es un cachorrito que aún no ha cumplido los seis meses. A pesar de no conocerme y de que yo aún estaba a varios metros de él, empezó a caracolear, moviendo la cola e intentando correr más que su dueño, para llegar hasta mí.

Al llevar mascarilla, no era posible que ya de lejos me viera sonreír, pero el perro percibió que iba a recibir caricias. Lo supo. Me encantó su reacción y, por supuesto que se llevó todas las caricias que pude darle, y más.

Mientras me alejaba, pensé a propósito de lo positiva que llega a ser la percepción del afecto, venga de quien venga. Beni se benefició de ello, al igual que yo misma; ¿cómo podría expresar esto mismo a las personas a las que quiero, aprecio y amo?


La baza como personas


La mascarilla nos borra la sonrisa, es cierto; pero sólo la de la boca. Podemos sonreír con los ojos, con la postura de nuestro cuerpo y especialmente con nuestras palabras. El tono con el que las pronunciamos, la dulzura al decirlas o el mero hecho de sonreír mientras hablamos suaviza y añade esas dosis de cariño que la mascarilla no tapa. Nos permite transmitir afecto.


¿Cómo es eso de sonreír con los ojos? Desde el Coaching te propongo lo siguiente:


  • Entrenar la ternura. Ante un espejo, te invito a que recuerdes alguna escena que te haya hecho sonreír, algún momento de ternura con un ser querido, los cariños de los que a diario te provee tu mascota.

  • Empieza a sonreír y descubre cómo es esa sonrisa.

  • Entrenar los músculos orbitales. ¿Ya estás sonriendo? Si es así, mira la parte superior de tu rostro, en torno a tus ojos. Descubre cómo se expresa en ellos la sonrisa

  • Tomar consciencia. Te invito ahora a que sientas tu sonrisa, que seas consciente de ella.

  • Con los ojos cerrados. Al cabo de unos minutos, vuelve a recordar esa u otra escena de bienestar y esta vez cierra los ojos, para percibir tu sonrisa sin verla.

  • De esta manera, cuando debas ponerte la mascarilla, sabrás que estás sonriendo, serás consciente de ello, sin necesidad de ver tu propia imagen reflejada.




Otra de las bazas con las que contamos los seres humanos para expresar nuestro afecto es la comunicación no verbal. En este sentido, nuestros cerebros entienden y valoran aquellos gestos y ademanes que indican camaradería, aprecio, cariño, consideración, comprensión; en definitiva, todo aquello que nos conecta emocionalmente.


El hecho de ir embozados parece que nos permite otras licencias; por ejemplo, juntar nuestras manos en el pecho para expresar que queremos a esa persona, aunque no podamos aproximarnos a ella por motivos de salud. El gesto de llevarse la mano al corazón me sigue fascinando, ya que simboliza el querer de una forma directa y auténtica.

Y hay muchos más, como abrir los brazos como si deseáramos abrazar al mundo, cuando nos encontramos con alguien querido. Llevarnos la mano hacia la boca, sin rozarla, haciendo ademán de lanzarle un beso o, como hace una de mis mejores amigas: autoabrazarse mientras me expresa las ganas que tiene de darme un par de besos.


Porque otra de las bazas emocionales del ser humano es la palabra. Cuando era pequeña, había ocasiones en las que alguna tía, o una de mis abuelas, al observar cómo jugaba cada vez que un perro se me acercaba, al ver cómo le acariciaba y cómo el animal reaccionaba, demostrándome su afecto, sonreían y decían algo así como “a ese perro sólo le falta hablar”.


Era algo que me hacía gracia, porque como niña que era yo sabía que los perros “hablaban”, aunque su idioma fuera distinto. Al hacerme adulta, sigo traduciendo bien el lenguaje de los animales, aunque me encanta poseer una de las herramientas fundamentales como persona: la palabra.

“Cada palabra cuenta, una a una; cada persona cuenta, una a una”, dice Luis Castellanos, filósofo y experto en Lenguaje Positivo, quien nos invita a cuidar nuestras palabras, ya que “ellas cuidarán de ti”.


El lenguaje del cariño


La ciencia del Lenguaje Positivo fomenta la elección de aquellos términos que nos permitan expresar lo que sentimos de la forma más certera posible. Según esta tesis, el lenguaje que empleamos cada día influye tanto en el funcionamiento de nuestra mente como en el comportamiento de otras personas. Los expertos aseguran que existen innumerables ventajas en el empleo del Lenguaje Positivo.



Se sabe, por ejemplo, que mejora el funcionamiento cerebral; nos vuelve mentalmente más saludables; favorece la autoestima; incrementa la motivación; reduce el pensamiento negativo interno; mejora la atención y promueve la creatividad. Hay otra ventaja más, como es que nuestras relaciones con los demás mejoran, pues la expresión en positivo hace que nos perciban de forma cordial.


En este punto es donde conectamos con las emociones de nuestros semejantes, a quienes podemos “abrazar con las palabras” y “querer con nuestras expresiones”. Esther Ramos, de la consultora Alquimia, especializada en el desarrollo de directivos, equipos, competencias de liderazgo y transformación, nos propone un decálogo para estos tiempos de mascarilla:


  • Crea tu gimnasio lingüístico: escúchate, estate presente; date cuenta de tus palabras, de cuáles encienden y apagan.

  • Cuida las palabras y el tono en el que las pronuncias; si no vas a decir nada bueno, mejor entrena el silencio.

  • Practica el egoísmo inteligente, esto es, empieza por ti mismo pues cuanto mejor estés, mejor estarán los que te rodean.

  • Entrena la influencia: elige las palabras, elige a las personas; si no les influyes, tú serás el influido.

  • Aprende a cortocircuitar lo más posible, que no te afecte el lenguaje negativo de otras personas.

  • Amplía tu vocabulario, pronuncia y aprende nuevos términos, para que el lenguaje sea potente, conéctate a tus palabras.

  • Párate, enlentece tu comunicación, averigua cuál es tu RAE, tu diccionario.

  • Hazlo por ti y por tu cerebro: cuida tu lenguaje.

Me tomo la licencia, desde el Coaching, de añadir un aspecto más, como es que entrenar nuestro lenguaje, seleccionando aquellas palabras que expresan emociones de cariño y amor, puede facilitarnos ese vínculo afectivo que tenemos con otras personas.

A propósito, puesto que en nuestro círculo de convivencia hay personas a las que podemos abrazar y besar ¿qué tal si aprovechamos la oportunidad?



¡Felices Abrazos y Besos! ¡Feliz Coaching!

Y recuerda que…

  • El abrazo y el beso son las manifestaciones principales de amor, de cariño, necesarios para nuestro desarrollo emocional

  • Ahora que no abrazamos tanto como desearíamos, podemos entrenar la mirada para expresar nuestras emociones de afecto

  • A veces, la forma en la que decimos las cosas, la manera en la que nos comunicamos, expresa más cariño del que imaginamos

  • Entrenar nuestro lenguaje, seleccionando aquellas palabras que expresan emociones de cariño y amor, puede facilitarnos ese vínculo afectivo que tenemos con otras personas

  • En nuestro círculo de convivencia, hay personas a las que podemos abrazar y besar ¿qué tal si aprovechamos la oportunidad?

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