• Silvia Resa López

¿A quién le cuentas tus secretos?

¿Tienes algún secreto? ¿Lo guardas sólo para ti? ¿Con quién lo compartes? ¿A quién le cuentas tus cosas más reservadas? ¿O prefieres no contárselo a nadie? ¿Es tu ficus tu confidente? ¿Acaso tu mascota? ¿Eres de los que se cuentan los secretos a sí mismo? Desde el Coaching te invito a descubrir las ventajas de la compartición, si tal es tu objetivo



Confianza, sinceridad, autenticidad y liberación, pero también vulnerabilidad, temor y vergüenza. Son los términos que entran en el juego de revelar nuestros secretos. Los expertos recomiendan escribir manualmente aquello que queremos liberar; sin embargo, cuando se trata de algo íntimo y personal como lo es un secreto, existe la posibilidad de que alguien lea nuestro diario.


Hace un par de años conté a un amigo la historia de un percance que sufrí cuando era adolescente. Durante nuestra conversación, no dudé en referir hasta los más íntimos detalles, en la creencia de que él respetaría el tono personal de mi confesión.

Cuando terminé, entre bromas y risas -he de reconocer que su sentido del humor es uno de sus mejores valores- me preguntó que cuánto de secreto tenía mi historia y que si podía contarla. Me quedé algo contrariada, dado que hasta ese momento me había sentido muy bien por el hecho de compartir y verbalizar lo que pensaba que era algo oscuro en mi pasado.


Lo miré decepcionada; sin embargo, en ese instante me di cuenta de que al decir en alto mi secreto me había liberado de un gran peso. Caí en la cuenta de que no era tan importante, pues se trataba de un hecho del pasado que había contribuido a que fuera la mujer que era en ese momento, la que soy hoy. Decidí darle permiso, aunque sin comprender del todo qué beneficio encontraría en divulgar algo tan propio de otra persona. Ocurrió otra revelación: también me di cuenta de que él no sería mi confidente nunca más.


Secreto secretísimo


De tal experiencia extraigo hoy nuevas conclusiones; en primer lugar, agradezco a esa persona que me permitiera darme cuenta de que un secreto envuelve culpas y gravedades que sólo existen para su guardián. En segundo lugar, me ha hecho ver la necesidad de escoger cuidadosamente a quién le cuento mis experiencias más personales, mis asuntos más reservados.



¿A quién le revelamos nuestros secretos? Quizás a una amiga (aunque en mi caso no lo consiguiera, eso no quiere decir que no exista), a tu mascota, sea perro, gato, ardilla o tortuga; también a alguien que ya no esté, valiéndote de una foto o de algún objeto favorito, o también a uno mismo. En este último caso, desde el Coaching te propongo que “te cuentes” tus secretos sin temor a “hablar solo”, dado que ya existen expertos que aseguran que tal es la costumbre de la gente inteligente. Veamos:


1. Compartirlo con un amigo. Ésta es tal vez la opción más concurrida, al menos en las primeras ocasiones. Hablas con esa amiga o con ese familiar en quien depositas tu confianza. Se lo cuentas… ¿para qué se lo revelas? ¿para qué a esa persona en concreto? ¿mides antes algún aspecto, por ejemplo, su grado de lealtad? ¿crees que es importante dejarle claro desde el principio que es un secreto y que como tal debe seguir entre ambos? ¿qué ocurriría si lo llegara a contar a terceras personas?


2. Compartirlo con tu mascota. Resulta que tu perro, tu gato, tu ardilla, hurón o jilguero ha resultado ser un confortable confidente. A esa mascota le cuentas tus secretillos, desvelos y hasta sientes cómo te consuelan. Es uno de los métodos para liberarse del estrés del secreto, si bien es cierto que, aunque llegues a sentir su empatía (sobre todo en el caso de los canes) tienen escasos recursos lingüísticos.


3. Compartirlo con otros seres vivos. Una planta, un árbol o un arbusto pueden ser también escuchantes. De hecho, una de las formas de obtener calma y conexión con la naturaleza es la práctica de abrazar árboles, asirse a su tronco, rodeándolo con los brazos, y sintiendo su energía.



4. Compartirlo con quien se fue. Si su recuerdo te permite mantenerte serena, hablar con una persona que ya no está puede ser interesante. Es cierto que no mantendrás una conversación convencional, pero dado que tu objetivo es contar un secreto, podrás obtener feed back o retroalimentación al recordar qué te decía en vida, cómo te hacía ver lo que sentías o lo que realmente deseabas. Desde el Coaching te propongo que emplees la herramienta de las dos sillas: en una te sientas tú y en la otra, el recuerdo de esa persona tan especial. Puedes imaginarla, a ella o a su energía. Ya estás listo para contar tu secreto.


5. Compartirlo con objetos. Dice Marie Kondo, la experta en Feng Shui del Orden, que para saber si un objeto ha de seguir en nuestra vida, hemos de mirarlo y entender cuál ha sido y es nuestra relación con él: ¿ha representado un momento importante en nuestra vida? ¿nos recuerda a una amistad especial? ¿marcó quizá un antes y un después en nuestra trayectoria laboral, social o personal? La potencia y fortaleza de tal objeto lo convierten en un símbolo que tal vez a ti te facilite la transmisión de tu secreto.



6. Compartirlo con lugares. La conexión que tenemos con algunos espacios la sentimos como muy real. ¿Tienes ese lugar especial donde quizá se produjo tu despertar de la conciencia? ¿O quizá fue el sitio en el que te diste cuenta de a quién querías? ¿Hay un espacio relevante en tu vida, algún pueblo o ciudad favorita?. En mi caso, he tenido El Escorial en Madrid como espacio preferido, tanto por su energía como por el poder equilibrador que desde siempre he sentido allí. También me ocurre en la ciudad asturiana de Gijón y en la portuguesa Oporto. En todas ellas he tenido grandes revelaciones para mí, tras revelarles algún secreto.


7. Compartirlo contigo misma. Por si no te convence ninguna de las anteriores, o también como complemento, está la opción de autorreferirte el secreto: cuéntatelo a ti misma; no te importe “hablar a solas”, algo que puedes hacer en la intimidad, o mientras das un largo paseo. Como herramienta de apoyo, puedes grabar tu monólogo, por ejemplo, en tu teléfono móvil. Esto último te permite volverlo a escuchar, para así evitar en lo posible “caer en el bucle emocional”.


Revelar secretos nos libera, nos permite sentirnos mejor y darnos cuenta de en qué punto estamos. Desde el Coaching te invito a escoger a tu socio de confidencias y te propongo que vayas rotando las distintas opciones, a las que puedes añadir las tuyas propias.


¡Feliz Confidencia! ¡Feliz Coaching!



Y recuerda que…

  • Revelar secretos nos libera, nos permite sentirnos mejor y darnos cuenta de en qué punto estamos

  • Para compartir un secreto es preciso escoger a un socio de confidencias, como un amigo, la mascota y hasta una planta

  • Cuando se trata de algo íntimo y personal como lo es un secreto, existe la posibilidad de que alguien lea nuestro diario, o escuche la conversación

  • Hay objetos cuya potencia y fortaleza los convierten en iconos que nos facilitan la transmisión de nuestro secreto

  • A veces un lugar es el escenario propicio con el que compartir algo íntimo que deseamos liberar

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