• Silvia Resa López

Venenos para el alma

Casi todos las conocemos. Me refiero a las conductas tóxicas, aquellos comportamientos expresados mediante palabras, gestos o acciones que tienen que ver con aspectos negativos a propósito de alguien, o de lo que haya hecho ese alguien. Las personas portadoras de tales actuaciones pueden dañar la autoestima del receptor, si bien dicha toxicidad se puede detener si la identificamos previamente. Desde el Coaching, te invito a entrenar la confrontación de estos venenos para el alma



Hace años, inicié una relación con una pareja un tanto peculiar. Era un hombre bien educado, culto y aparentemente sensible a las necesidades de los demás. Tenía buena relación con sus familiares, además de ser independiente. Me gustó, le gusté, nos gustamos. Y empezamos.


Todo iba bien hasta que tuvo una desavenencia con una de sus hermanas por temas económicos. Aquello le afectó bastante, por lo que, de repente, surgió su auténtica conducta tóxica: la hermana que anteriormente adoraba se convirtió en enemiga, discutía a todas horas con ella y, cada vez que estábamos juntos, recreaba las desavenencias de una manera que a mí se me antojaba algo retorcida.


Intenté que suavizara su postura. En uno de esos días, tras una fuerte discusión con Candela, le insinué que a lo mejor había otra forma de enfocarlo. En ese momento, Fernando se quedó muy callado, me miró de manera algo torva y me dijo que por favor no le dijera cómo debía relacionarse con su familia. A partir de ahí, dejé de escuchar, pues al observar su comunicación no verbal supe que iba a ser la receptora de su ira. Estaba revelando su naturaleza tóxica.


“¿Qué hacemos ante estas personas?, ¿nos alejamos?”, se pregunta Irina de la Flor, experta en Coaching de la Consciencia, que de alguna manera explica lo que nos lleva a caer en la trampa de la toxicidad del otro: “todos queremos ayudar y en ese momento no pensamos en si esa persona tiene o no una conducta tóxica”; “más adelante, nos damos cuenta de que a pesar de que intentas ayudarla no quiere avanzar”


Para esta experta es precisamente en la actitud ante la vida donde reside el conflicto para estas personas, de las cuales “conviene alejarse, pues proporcionan estrés, el cual a su vez afecta al hipocampo, la región cerebral implicada en la actividad de la memoria y el razonamiento, es decir, esa toxicidad tendrá efectos a corto y largo plazo en nosotros”.


Señales de alerta


“Estas personas suelen guiar por un mal camino, ya que no actúan, sino que se quejan, evitan lo positivo; además, su negatividad se contagia, por lo que conviene distanciarse”, recomienda Irina de la Flor, coach que dirige el proyecto “Lo mejor de mí” en Fundación Vivo Sano (FVS).




Existen ciertas señales de alerta que pueden ayudarnos a identificar a la gente con conducta tóxica, según la citada experta en FVS:

  • Si te dice lo que hay que hacer.

  • Si te provoca que acumules tensiones.

  • Si suele generar que hables mal de ella. Ésta es una actitud que agota emocionalmente, merma la autoestima y no soluciona nada.

  • Si en ocasiones te da un trato vejatorio, degradante.

  • Si percibes que tu autoestima se resiente.

  • Si te hace perder los papeles, te provoca ira o frustración.

  • Si le echas la culpa de tu propia actitud y/o de las decisiones que tomas. Le estás dando poder sobre ti.

  • Si temes estar en el entorno de esa persona. Si sientes malestar emocional en su presencia. Si tienes sensaciones negativas.

  • Si bajas a enfrentarte, cayendo en el juego de la actitud tóxica.

  • Si al estar con ella sientes tensión, si no puedes sentirte relajada y cómoda.

  • Si trasladas tu malestar a tu propio entorno familiar y/o de amigos o pareja.

  • Si percibes en ti cambios de mentalidad, o comportamientos que percibes como tóxicos, envenenados.

Desde el Coaching te invito a comprobar cuáles de estos puntos te resuenan al pensar en la relación que mantienes con esa persona a la que atribuyes un comportamiento negativo. “Es el momento de tomar medidas, de distanciarse emocionalmente, de alejarse del foco del mal humor antes de que te afecte”, dice Irina de la Flor, pues “si esa persona tóxica te contamina, acabarás por contagiarte”


Tipos tóxicos


Se distinguen algunos arquetipos de personas con conductas tóxicas, que se describen así, según Irina de la Flor:


El quejica: de la queja hace hábito y le saca rendimiento. Quejarse más que ellos es buena solución para rebajar la intensidad de su conducta tóxica.

El agresivo: intimidante, aversivo. Lo mejor es ignorarlo, aunque no se puede siempre; en estos casos, se le puede contestar con expresiones del tipo: “vale”, “de acuerdo” o “no me interesa”.

El culpabilizador: sólo es responsable de lo negativo. Distanciamiento.

El envidioso: se compara con los demás. Ante esta actitud, es preciso saber elegir quién se alegrará con y por nosotros realmente.

El jefe autoritario: si su actitud tiránica se debe a que está pasando un mal día, mediante el halago se puede atenuar; si se cronifica, lo mejor es hablar con la persona.




Cómo defenderse de la toxicidad


Dice la sentencia anónima, “si pudiéramos leer la historia secreta de nuestros enemigos, encontraríamos en la vida de cada uno las suficientes penas y sufrimientos como para desarmar cualquier hostilidad”. Es lo que puede pasarles a esas personas con conductas tóxicas: probablemente existe un para qué tras sus acciones.

Sin embargo, en el otro lado estamos nosotros, quienes no tenemos comportamientos envenenados; Irina de la Flor nos propone “alejarnos del dolor, apartarnos de la gente que nos apaga la vida, pues nuestra autoestima sólo depende de nosotros; de ahí que ante tales conductas debamos poner distancia emocional, evitando los ambientes conflictivos”

Hemos, por tanto, de protegernos de la toxicidad en todas sus manifestaciones, pues además de contagiosas pueden envenenarnos el alma. ¿Cómo? Desde el Coaching te propongo lo siguiente:



  1. Explicación. Depende de la persona y de su grado de toxicidad. Hacerle entender que su comportamiento nos hace daño, nos hiere, puede ser una fórmula que evite las heridas.

  2. Autoprotección. Entorno en el que no podemos establecer una distancia física, por lo que, si además no es posible el diálogo, se puede intentar el alejamiento emocional. No podemos permitir que aquello que nos hacen nos afecte, pues la autoestima proviene del interior, no del exterior. Es una cuestión de posicionarnos en nosotros mismos, estableciendo nuestros valores.

  3. Origen. ¿Mental o emocional? La toxicidad puede tener ambos orígenes, aunque para el receptor es emocional. Empieza por un problema emocional.

  4. Grado. Depende del grado de toxicidad. Lo mejor es evitar a esa persona si no desea salir de esa toxicidad. La evitación, física y/o emocional es fundamental. Si se puede, se negocia, pero la mejor medida es evitar que te arrastre.

  5. Enfermedad. Hay personas cuya toxicidad proviene de una enfermedad psicopatológica, en cuyo caso no está en nuestra mano cambiarlo, sino en la de los profesionales de la salud. Es cierto que todos hemos tenido conductas tóxicas no permanentes, en cuyo caso es posible dejar de ser tóxico. En el caso de los enfermos crónicos, Irina de la Flor propone establecer una distancia emocional, para que su actitud negativa no nos arrastre: “rodearnos de gente positiva, tomar acciones positivas en el resto de áreas de nuestra vida, en otros entornos; también podemos tener paciencia e intentar que la persona vea la vida de otra forma”.

  6. Depresión. Puede generar toxicidad, pero no siempre se identifican ambas cosas. Su visión no es la lectura real de la vida. En este punto se les puede ayudar.

  7. Contagio. La toxicidad se contagia, la persona nos arrastra. Si nos han contagiado, lo primero es ser consciente de que la hemos absorbido de una situación externa, en cuyo caso debemos establecer medidas de alejamiento emocional, empezar a cambiar las creencias y las actitudes interiorizadas, pararse, analizarlas y ver si existe otra forma de leer nuestro entorno.

  8. Se pasa de grado. Para saber si se pasa de grado, es conveniente observar cómo me hace sentir, si tiene una actitud que me hace daño y es casual, cosa de un momento, puede ser una fase; en cambio, si se prolonga en el tiempo, pues será entonces una actitud tóxica.

  9. Herramientas. Para establecer esas distancias “debemos poner límites, no picar el anzuelo, o también no entrar en el juego de la ira, que nos desborde; por el contrario, mantener la calma”, dice Irina de la Flor.

  10. Sacar lo mejor. ¿De una persona con conducta tóxica? El primer paso consiste en lograr que sea consciente del daño emocional que genera, de que su actitud repercute en los demás; “en el momento en que una persona sana le hace de espejo, le enseña otra forma de relacionarse, un posible cambio de actitudes hacia elementos más positivos”, dice la reputada coach de FVS, quien argumenta acerca de estas personas que “es posible que no sean conscientes de su toxicidad, por lo que a través de estas herramientas les ofrecemos la oportunidad de cambiar, de modificar su actitud y comportamiento”.


Como en otras ocasiones, para quienes habéis llegado hasta aquí, os cuento cómo quedó la situación con Fernando. Tras ese episodio, nuestra relación no volvió a ser la misma; de hecho, fue el principio del fin y al cabo de unas semanas lo dejamos.

Ahora, cuando echo la vista atrás, me doy cuenta de que supe ver el temperamento tóxico de ese chico; es más: fui capaz de sopesarlo, confrontarlo y tomar una decisión. Hoy en día me alegro de haber tomado el antídoto para ese veneno del alma, la toxicidad emocional.


¡Feliz Antídoto! ¡Feliz Coaching!

Y recuerda que…

  • Hay personas cuya conducta se considera tóxica, al contener un nivel elevado de negatividad, rechazo y juicio hacia algo o alguien

  • Dicen los expertos que ante tales actitudes debemos poner distancia emocional, evitando los ambientes conflictivos

  • Hacerle entender que su comportamiento nos hace daño, nos hiere, puede ser una fórmula que evite las heridas

  • La actitud tóxica de jefe autoritario puede atenuarse a veces mediante el halago

  • En el momento en que una persona sana le hace de espejo, le enseña otra forma de relacionarse, un cambio hacia actitudes positivas

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