• Silvia Resa López

Relaciones poderosas

Infancia y adolescencia son dos etapas críticas para el neurodesarrollo, de forma que nuestras redes neuronales se moldean a partir de las relaciones interpersonales. En este contexto, diversos estudios provenientes de la neurociencia demuestran el nexo existente entre una regulación emocional adecuada con el éxito profesional y personal.


“Lo que ocurra en las relaciones interpersonales del niño, adolescente y joven es crucial para entender las consecuencias que puede tener un neurodesarrollo favorable, o lo contrario, en la salud mental y física del adulto”, dice Rafael Benito, psiquiatra especializado en víctimas de violencia.



Esta tesis no nos coge por sorpresa, dado que desde hace tiempo se postula el vínculo entre las inteligencias emocional, cognitiva e incluso espiritual; sin embargo, el doctor Benito ha mostrado evidencias basadas en la Neurobiología del Apego, esto es: cómo las relaciones interpersonales moldean las redes neuronales del niño y del adolescente.

Tal ha sido el título de su ponencia durante su intervención en “Trauma, resiliencia y plenitud”, congreso virtual organizado recientemente por Cristina Melo, terapeuta Humanista e Integrativa.


La niñez nos marca


Nuestro cerebro humano ha ido modificándose a lo largo del proceso evolutivo como especie, para adaptarse a necesidades cada vez más complejas. En este sentido, las emociones “son estados de activación neurofisiológica que suponen una valoración de las circunstancias con arreglo a la cual se generará una acción determinada”, dice el mencionado psiquiatra.


Dice Rafael Benito que las emociones “son la gasolina que nos proporciona la energía necesaria para movernos en un sentido o en otro”; “no obstante, para actuar de manera adaptada requerimos la regulación emocional”.



Esta última se refiere, a su vez, a la capacidad para mantenernos “dentro del rango que nos permita un comportamiento más adaptado, así como una eficiencia máxima en el uso de nuestros recursos tanto físicos como mentales”, dice este experto.

Siguiendo los aspectos relevantes enunciados por Rafael Benito, desde el Coaching te propongo tener en cuenta las siguientes observaciones:


  • Regulación. De una buena regulación emocional deviene la resiliencia, esto es, la capacidad de adaptación a una situación adversa, que se visualiza a través de la imagen de un junco inclinado por el viento y que, tras cesar éste, vuelve a su posición inicial.

  • Capacidad cerebral. El desarrollo de las capacidades cerebrales de aparición más tardía depende de las que se generen antes. Es el caso de la regulación emocional, por ejemplo.

  • Cerebro adulto. A este cerebro se llega después de un proceso paulatino que engloba desde los 1.000 primeros días de vida, pasando por la niñez y la adolescencia. Si las áreas implicadas en el desarrollo cerebral funcionan de manera armónica e integrada, se alcanza el estado de salud física y mental.

  • Redes neuronales. No nacemos con las redes neuronales hechas. Rafael Benito destaca que, si bien es importante el proceso mismo de construcción de la red, no lo es menos las fases de refinamiento y poda de las conexiones.

  • Podas. La primera proliferación y posterior poda de las conexiones neuronales se da, respectivamente, durante los dos primeros años de vida y desde entonces hasta los 10 años de edad. Se calcula que se produce la pérdida de 25.000 sinapsis o conexiones entre neuronas por segundo. La segunda proliferación y poda tiene lugar durante la adolescencia.

  • Sistema operativo. Disponemos de un sistema operativo básico, con el que nacemos, que nos sirve para conectar y “engancharnos a ese semejante para que su sistema nervioso ayude al nuestro a desarrollarse.

  • Contacto físico. Dice Rafael Benito que “el contacto físico frecuente entre madre e hijo promueve el aumento de la conectividad de las áreas cerebrales relacionadas con la mentalización y la reflexión”.



Y la adolescencia, también


Si los primeros 1.000 días de vida son fundamentales para nuestro desarrollo psicoafectivo, con la creación de conexiones y redes neuronales, en la etapa de la adolescencia se repite el proceso de proliferación y poda, que tendrá como resultado el adulto que finalmente lleguemos a ser.


“Conforme vamos evolucionando, menores posibilidades tenemos de cambiar nuestro árbol neuronal”, dice el psiquiatra Rafael Benito; “de ahí que el mejor momento para enseñar a alguien la regulación emocional sea en estas fases de proliferación y poda”.

Aquí, de nuevo, te propongo un decálogo con el que puedes reflexionar a propósito de esta etapa de desarrollo humano, que a todos los efectos constituye una segunda oportunidad:


  • Relaciones interpersonales. Con ellas se producen las experiencias que en mayor medida modifican nuestras redes neurales. “En la pubertad se produce una situación similar a la experimentada después del nacimiento, por lo que se puede decir que se reedita la relación de apego”, dice el doctor Benito.

  • Apego. El adolescente necesita que el sistema nervioso de su figura de apego se active, ayudándole en su proceso de neurodesarrollo, de nuevo.

  • Hacia la calidad. Esta reactivación se produce desde la cantidad a la calidad, por lo que, en esta fase, más que el crecimiento de las áreas cerebrales, lo que importa es el aumento de la conectividad.

  • Vínculos familiares. Según algunos expertos, la existencia de vínculos familiares fuertes durante la pubertad reduce la reacción del cerebro al rechazo social.

  • Presencia. Los cerebros adolescentes son “tremendamente sensibles a las figuras de apego”, dice Rafael Benito, quien asegura que “la mera presencia de ese adulto de referencia reduce la reacción de estrés en adolescentes durante el desempeño de tareas agobiantes”. Presencia, constancia y sintonización.

  • Discusiones. “Al presenciar imágenes de discusión familiar, las áreas cerebrales de mentalización se activan más al ver al progenitor con el que más conectado esté el adolescente”, dice Rafael Benito.

  • Malos tratos. Si el desarrollo no va bien, se producen alteraciones. Este psiquiatra considera que “el sistema nervioso de los chicos que sufren maltrato tiene alteraciones que repercutirán en su salud mental posterior, pero también en la física”. Habla Rafael Benito de predisposición a la obesidad, diabetes, altos niveles de colesterol, triglicéridos o hipertensión.



“Las enfermedades asociadas al maltrato ocupan los primeros puestos entre las causas de muerte en el mundo”, dice este psiquiatra, que cita como ejemplos la cardiopatía isquémica, los accidentes cerebro vasculares, las enfermedades pulmonares obstructivas crónicas o la ya mencionada diabetes.


¿Qué podemos hacer antes, durante y después? Tal y como argumenta el doctor Benito, niñez y adolescencia son etapas cruciales para desarrollar y fortalecer las redes neuronales.

No obstante, si se nos ha ido de las manos, incluso si somos nosotros mismos, como adultos, quienes sufrimos algún tipo de deficiencia, Rafael Benito propone las relaciones interpersonales.


Entre ellas este experto incluye las terapéuticas, por ejemplo, la psicoterapia: “ha de haber un vínculo grupal, de un mediador, ya que el proceso es crucial para modificar las redes neurales”.


Y es que el objetivo se centra en la producción de algún cambio en el funcionamiento de esas redes; “así como la comunicación entre las diversas áreas y núcleos cerebrales; tal es el efecto de la psicoterapia”, dice el psiquiatra Rafael Benito.


La conclusión es sencilla: las relaciones interpersonales constituyen la herramienta más potente para modificar a favor las redes cerebrales. Mejor empezando cuanto antes: durante los 1.000 primeros días de vida y hasta los diez años de edad, así como también durante la adolescencia, hasta cumplir el primer cuarto de siglo, los veinticinco.



¡Feliz Funcionamiento de Redes! ¡Feliz Coaching!

Y recuerda que…

  • Tener una infancia y adolescencia felices garantiza un buen funcionamiento de nuestras conexiones y redes neuronales.

  • La regulación emocional es una de las principales herramientas para lograr una buena salud mental.

  • El contacto físico frecuente entre madre e hijo promueve el aumento de la conectividad cerebral.

  • El adolescente necesita que el sistema nervioso de su figura de apego se active, ayudándole en su proceso de neurodesarrollo.

  • La psicoterapia es un tipo de relaciones interpersonales capaz de modular las redes neuronales, incluso en la etapa adulta.

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