• Silvia Resa López

¿Me escuchas?

¿Sientes que te escuchan? ¿Hay alguna persona que da oído a lo que dices? ¿Te prestan atención cuando hablas? Y tú, ¿escuchas o sólo oyes? ¿Crees que atiendes a otras personas cuando te comentan algo? ¿Conoces el efecto de tu conversación privada cuando escuchas a otra persona? ¿Infieres lo que el otro te va a decir antes de que te lo exprese? ¿Eres coherente entre lo que sientes, piensas y finalmente dices?



“Nadie me escucha” es lo que solía creer hace tiempo, pues no encontraba a ninguna persona a quien pudiera contarle mis preocupaciones, ya que al poco tiempo su comunicación, tanto verbal como no verbal, me dejaba claro que “había puesto el piloto automático”, es decir, que se había colocado en modo “oír” pero como si fuera un ruido más, sin prestarme atención, sin escucharme. He de reconocer que al principio no lo llevaba muy bien e incluso solía requerirle que me atendiera; sin embargo, me daba oídos durante dos minutos escasos, para volver al modo automático, quedándose en silencio y con una expresión facial como de estarme diciendo “es que no es un tema del que me interese hablar”. De hecho, era lo que me decía a través de su comunicación no verbal.

La escucha forma parte del proceso de relación con otras personas “tanto si nos vienen impuestas como si las elegimos, como es el caso de familiares, o de compañeros en el trabajo”, dice Nuria Carrasco, directora Académica del Centro de Estudios del Coaching (CEC); “esas relaciones necesitamos cuidarlas, gestionarlas y sentirnos satisfechos con ellas”; “la escucha es lo que valida la conversación entre dos personas y, puesto que todos queremos ser escuchados podemos preguntarnos cómo es nuestra escucha hacia los demás” La coach Nuria Carrasco propone “escuchar para comprender, para conectar con el otro y no tanto para responder o para dar explicaciones”


Cuatro conversaciones


¿Cómo conseguimos escuchar?. Quizá lo primero sea darnos cuenta de que en una conversación con otra persona se están produciendo de forma paralela, cuando no simultáneamente, cuatro diálogos. Mientras uno habla y el otro escucha, cada uno de los interlocutores tiene su propia conversación privada, consigo mismo. Es lo que en Coaching se denomina “columna izquierda”, una especie de radio que emite ideas y pensamientos en forma de opiniones, justificaciones, juicios y etiquetas verbales a modo de diálogo interior; “por eso se habla de cuatro voces”, dice la directora Académica del CEC; “en estos encuentros se oculta información que en algún momento puede ser relevante, nos la guardamos; se trata de conversaciones distintas, incluso antagónicas, pues hay juicios, interpretaciones y cosas que no se dicen”.



¿Para qué decidimos ocultar lo que sentimos y pensamos? ¿Qué hay detrás de esa forma de comunicarnos? ¿Cuáles son las consecuencias tanto para el acto de escucha en sí como para la relación con esa persona? Hay varios elementos que te invito a tener en cuenta, tales como son la confianza, la comprensión, el entendimiento, la empatía, la coherencia, la sinceridad y la conexión. Todos están interrelacionados en el proceso de conversación y de escucha de modo que, si falta alguno de ellos, la comunicación tendrá fugas, será incompleta o estará contaminada. No se producirá ni comprensión ni empatía, el entendimiento no será posible, como tampoco la confianza; en cuanto a la sinceridad y a la coherencia, Nuria Carrasco dice: “hay una diferencia entre ser sincero, es decir, que lo que digo es consecuente con lo que pienso y siento frente a la sinceridad o el hablar sin filtros”; “es cierto que en ocasiones ocultamos información porque nos protegernos y también lo hacemos hacia los demás, pero si queremos ser auténticos quizá lo mejor sea refinar, limpiar, aclarar nuestra columna izquierda pues, si no, se contamina la relación y se convierte en algo que nos impide conocernos mutuamente”.


“Si soy sincero y lo expreso, es posible que la otra persona no se sienta herida, o no tenga la opinión nuestra, que es creencia propia”, propone la citada coach para quien “por miedo a que me vean, a ser vista o por evitar hacer daño al otro tengo falta de coherencia y aunque crea que no se me nota, mi corporalidad, no alineada entre lo que digo, cómo lo digo y desde dónde lo digo, me delata”.


Desde el Coaching te invito a permitirte sentir tus propias emociones, a que legitimes lo que sientes, sin taparlo por evitar “dañar al otro”; te propongo que te preguntes cuáles son tus inquietudes y que evites enfocarte en la otra persona, proyectando lo que no tienes resuelto. En este sentido, quizá te sirva de ayuda la coherencia entre lo que dices, cómo lo dices y desde dónde lo dices, dado que así puedes decidir qué deseas compartir y, al mismo tiempo, calcular el coste de aquello que no compartas.


¿Ahora me ves?


Dicen los expertos que nuestra forma de hablar obedece a uno de nuestros instintos más biológicos, el de supervivencia, pues aquél que no habla no es visto; sin embargo, en nuestro proceso de crecimiento como personas, la escucha nos permite comprender y aprender, nos faculta para ir más allá. “Escuchar no es discutir, ni anticiparse, ni tampoco interrumpir; no es desconectar, ni adelantarse al otro, no es distraerse, ni dar consejos”, dice Nuria Carrasco; “es estar en silencio, mirar a los ojos a la otra persona, dar tiempo, ser paciente y repetir lo que dice el otro para mostrar que lo hemos entendido, estableciendo así una conexión con la otra persona, aprendiendo de ese encuentro”.

Esta portavoz del CEC nos presenta una herramienta para conocer cuál es nuestro nivel de escucha, a partir de cinco preguntas:


  1. ¿Construyes tu respuesta, a la vez que el otro sigue hablando? Es decir, ¿sigues con tu conversación de columna izquierda?

  2. ¿Supones lo que va a decir el otro antes de que lo diga? ¿Te anticipas?

  3. ¿Interrumpes para dar tu punto de vista o terminar lo que dice el otro?

  4. ¿Desconectas de lo que dice el otro y permites que tu mente divague a los temas que tienes pendientes?

  5. ¿Reaccionas con impulsividad ante ciertas palabras, expresiones o puntos de vista?




Dice Nuria Carrasco que “más de tres síes implica que tenemos que entrenar nuestra escucha”, para lo cual propone, en primer término, reconocer que existe esa brecha en la conversación, identificarla. Después, “responsabilizarme para reducirla, para garantizar la escucha, ver qué es lo que está en mi mano y posteriormente, tratar de reducirla al máximo posible”


Herramientas


Desde el Coaching se proponen varias herramientas que tienen que ver con la actitud y con la acción, es decir, elementos que parten de nuestro interior y hacia el exterior. Se trata de ‘ponerse la capa de coach’ y aplicar la escucha activa. ¿Cómo lo hacemos? Te invito a guiarte por las propuestas siguientes:


  • Permítete decidir tu momento de escucha: si no puedo o no quiero, lo digo

  • Escucha estando aquí y ahora, sin impaciencia, sin querer cambiar nada de lo que me diga la otra persona

  • Evita interrumpirle o terminar sus frases

  • Silencia tu diálogo interior

  • Dale oído a lo que te dice tu interlocutor sin juicios, peros o condiciones

  • Evita resolver o dar consejos

  • Como estrategias para la escucha activa, te invito a seguir la herramienta de los ecos, la de las preguntas abiertas y la de reformulación y verificación. La primera consiste en devolver palabras y expresiones que el otro ha dicho y con su mismo lenguaje, para que así se sienta escuchado y hay confianza. La segunda se refiere a preguntar para entender, a través de cuestiones, que lleven a la reflexión del otro (de todo esto ¿qué te preocupa? ¿puedes ponerme un ejemplo, para que entienda? ¿cómo te sientes con esto?), para que la persona exprese. En cuanto a la tercera herramienta, reformulo lo que me ha dicho para ver si lo que entiendo es lo que me está trasladando; de esta manera se reduce la brecha interpretativa.




“Aprendo cuando escucho al otro, cuando veo formas distintas de afrontar nuevas soluciones, así veo cómo conectarme conmigo misma”, dice Nuria Carrasco, directora Académica del CEC; “en el encuentro con el otro siempre va a existir una brecha interpretativa que está relacionada con el observador distinto que tiene cada uno, según su cultura y experiencia”; “ese hueco se produce al iniciarse la comunicación, dado que cada cual está en su marco de referencia al observar la realidad; por eso necesitamos silencio en nuestra mente, para disminuir y minimizar ese surco”.



Y recuerda que…


  • En ocasiones sentimos que los demás no nos escuchan, pero ¿cómo damos oído nosotros a los demás?

  • ¿Eres de los que interrumpes, das consejos o emites juicios cuando mantienes una conversación con otra persona?

  • Desde el Coaching la escucha activa se refiere a la coherencia existente entre lo que digo, cómo lo digo y desde dónde lo digo

  • Me permito elegir mi momento de escucha; si no quiero o no puedo, se lo digo a la otra persona

  • Mientras uno habla y el otro escucha, cada uno de los interlocutores tiene su propia conversación consigo mismo; en total hay cuatro voces

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