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  • Foto del escritorSilvia Resa López

El cuerpo y sus razones

¿Sabes qué te dice tu cuerpo? ¿sueles escucharlo o lo dejas en segundo plano porque no sabes muy bien qué hacer con lo que te demanda? Decía la terapeuta Thérèse Bertherat que “nuestro cuerpo es nosotros mismos; no se opone a la inteligencia, a los sentimientos o al alma, sino que los incluye y alberga; por eso, tomar consciencia del propio cuerpo significa abrirse el acceso a la totalidad del propio ser”



Cuando era preadolescente, recuerdo que mi abuela Celsa, gallega ella, me decía a veces: “saca pecho, niña, saca pecho”.

Entonces yo no lo sabía, pero mi abuela era toda una terapeuta en ciernes, pues sabía lo que en la práctica era positivo para mí: ir derecha, echando atrás los hombros y elevando el tórax, resultaba beneficioso tanto para el cuerpo como para el alma: era una manera de encarar la vida sin temor.

Han pasado los años y todavía me lo digo a mí misma muchas veces, mientras sonrío y agradezco: “saca pecho, Silvia, saca pecho”.

Llevo unos días releyendo libros antiguos. No, no tan antiguos, pero con casi veinte años sobre sus cubiertas. Uno de ellos es “El cuerpo tiene sus razones”, de la terapeuta Thérèse Bertherat.


Ella fue la creadora del movimiento “antigimnasia”, basado en la idea de que “la gimnasia sólo considera el cuerpo como un animal al que hay que domesticar”, proponiendo en su lugar ejercicios que “desarrollan la inteligencia muscular y exigen una gran agilidad mental”.

El neurocientífico Antonio Damasio dice: “el cuerpo sabe aquello de lo que aún la mente no se ha dado cuenta”, argumento del que parte la también neurocientífica Nazareth Castellanos, cuando dice que “el cuerpo nos susurra y hay que saber escucharlo”.

Dice esta experta que la postura corporal “nos influye en la capacidad de memoria y en el sesgo con el que percibimos el mundo”, por lo que enfatiza la existencia de un sexto sentido, el de la propiocepción; “es el sentido de la consciencia corporal, la escucha del cuerpo, cuyas sensaciones son las emociones que nos guían a la hora de decidir”.



Nacer continuamente


“Nunca es demasiado tarde para liberarse de la programación del pasado, para hacerse cargo del propio cuerpo, descubriendo posibilidades todavía insospechadas”, dice Bertherat en el libro citado; “existir significa nacer continuamente, aunque ¿cuántos hay que se dejan morir un poco cada día, integrándose tan bien en las estructuras de la vida contemporánea que pierden su vida al perderse de vista a sí mismos?”.

Decía esta terapeuta que “al renunciar a nuestra autonomía, abdicamos de nuestra soberanía individual; pertenecemos así a los poderes, a los seres que nos han recuperado”; “reivindicamos tanto la libertad precisamente porque nos sentimos esclavos”.


Escuchar al cuerpo tiene que ver con lo que la doctora Castellanos denomina la neurociencia Interoceptiva, es decir, que en nuestro organismo existen herramientas “para esculpir nuestra psicología”, como es el eje cerebro-corazón, el que une intestino-estómago-cerebro o la influencia en todo ello de la respiración.

Inspirar y exhalar se convierten en los interruptores de las diversas áreas cerebrales, según la experta Nazareth Castellanos: “al inspirar activamos ciertas estructuras como la órbito-frontal, la temporal o el área del hipocampo, involucrada en la memoria”.



Una forma de desarrollar la consciencia del propio cuerpo es contemplando la respiración, que se convierte en nuestra aliada; “el aire que entra en cada fosa nasal influye en el hemisferio contralateral”, dice Castellanos, de forma que al respirar por el lado derecho repercute en la parte izquierda del cerebro y cuando inhalamos por la izquierda ocurre lo mismo con la zona derecha del cerebro.

“Si estamos agitados, para relajarnos podemos utilizar la respiración”, dice Nazareth Castellanos; “para ello, el tiempo que empleemos en exhalar ha de ser el doble que el que tardamos en inspirar, dando así la oportunidad a la amígdala para actuar en nuestro beneficio”.


Esta investigadora propone tres formas de emplear la herramienta de la respiración:

  • Control voluntario. Sólo por prestar atención a tu respiración, sin siquiera modificarla, la influencia en tu cerebro será mayor, es decir, tendrás un mayor control sobre tu cerebro.

  • Ralentizar el número de respiraciones. Puedes realizar esta práctica sentado, reduciendo desde las 15 a 18 veces que respiras por minuto hasta una tercera parte (6 veces por minuto)

  • Respiración lenta. Prolonga la exhalación de manera suave; puedes colocar un espejo bajo tu nariz, comprobando que no lo empañas. Este ejercicio tiene efecto analgésico.

La mente del mono


Ayudar a la mente a serenarse, evitando el ruido de pensamientos, es otra forma de conocer tu cuerpo.

“La mayor causa de infelicidad es la divagación mental”, dice Nazareth Castellanos, refiriéndose al ajetreo, a la falta de paz interior o al diálogo con nosotros mismos; “esto tiene su correlato neuronal, causando sufrimiento e insatisfacción”.

Lo que el psiquiatra William James denominaba “corriente de consciencia”, en el Budismo “mente del mono” y “la loca de la casa” en el caso de santa Teresa de Ávila, hoy se conoce como Red por Defecto.


“Revela que cuando no haces nada, tu cerebro está haciendo muchas cosas; es la actividad espontánea”, dice Castellanos, en relación a la elaboración del pensamiento lógico, de las emociones en forma de proyecciones de futuro y los recuerdos del pasado.

Según esta experta, la cacofonía o diálogo interno “en el 70% de los casos está referenciado a ti mismo, es decir, hablas de ti, te pones como protagonista y relatas lo que te está pasando”.

Sin menoscabo de la importancia que esto tiene para el desarrollo del autoconcepto, lo cierto es que se ha incrementado “lo que nos lleva a estar casi constantemente en este estado cerebral, es decir, entre el 70% y el 80% del tiempo en la red por defecto, en piloto automático”.



Las consecuencias son claras: rumiación, baja calidad de vida, insatisfacción e infelicidad. Por el contrario, la mente en silencio se correlaciona con una mayor calidad de vida.

¿Cómo silenciar la mente? Nazareth Castellanos prefiere hablar de hábitos, antes que de disciplina: “a través de la meditación reduces esa red por defecto, a la vez que también el tamaño de la amígdala, incrementando el nivel de felicidad”.

“Si regulas tu atención y fortaleces la conexión fortaleces la auto modulación emocional lo que, sumado a la regulación de la atención te lleva a la desidentificación de tu ego, de tus emociones y pensamientos”.


Si has llegado hasta aquí, te revelo un “casi secreto”, como es que, cada vez que me doy cuenta de un síntoma o percibo que algo en mi cuerpo no anda como debiera, echo mano del diccionario de biodescodificación.

Mediante tal disciplina traduzco a términos emocionales dónde puede residir el origen de mi afección.


Por poner un ejemplo, hace unas semanas noté cierta acumulación de caspa en determinadas zonas de mi cuero cabelludo. Pedí cita con dermatología, aunque, en paralelo, supe que mi afección respondía a que algo dentro de mí deseaba salir, clamaba por ser revelado.

Dos semanas de loción y varias meditaciones después he conseguido saber qué es lo que latía en el origen de mi descamación cutánea: sanar la relación de amistad con varias personas, poniéndome en valor como coach profesional.


Y tú ¿qué has aprendido últimamente de tu cuerpo?


¡Felices Relaciones con tu Cuerpo y sus Razones! ¡Feliz Coaching!



Y recuerda que…

  • El cuerpo sabe aquello de lo que aún la mente no se ha dado cuenta.

  • Nunca es tarde para liberarse de la programación del pasado, para hacerse cargo del propio cuerpo.

  • En tu organismo existen herramientas para esculpir tu psicología.

  • Sólo por prestar atención a tu respiración, tendrás un mayor control sobre tu cerebro.

  • La meditación reduce el ruido mental, permite mejorar la atención y nos hace más felices.

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