• Silvia Resa López

Tener un propósito

En estos días en los que has vuelto de vacaciones, las estás disfrutando o las preparas, ¿tienes algún propósito? ¿Te has planteado para los próximos meses llevar a cabo alguna acción que beneficie a los demás? ¿Y para ti? ¿Tienes algún reto? ¿Qué deseas hacer en tu vida? ¿Piensas en cambiar algo? Si es que sí, eso es que ya has definido un propósito; desde el Coaching te acompañamos pues, recuerda que, todo va según el plan



Hace ya casi un año que me planteé como reto perfeccionar mi nivel de inglés, especialmente el hablado. Alguien me recomendó una simpática aplicación capitaneada por un búho que, al más puro estilo coaching, me ha guiado a lo largo de estos 366 días, que es año bisiesto… La figurita de mi amigo Duo, al que he dotado de traje de superhéroe a partir de lecciones cada vez más complejas, me ha felicitado, me ha animado y me ha aplaudido con un entusiasmo encomiable.


Mientras estoy de vacaciones, al comentarlo en voz alta, la persona que me había recomendado la aplicación se ha asombrado al comprobar mi avance; ha sido en ese momento cuando me he dado cuenta de que casi he cumplido mi reto. Sin embargo, ¿qué hay tras esa meta alcanzada? Ahí detrás está mi propósito, que no es otro que el de lograr llegar a comunicarme cada vez con un mayor número de personas.


En Coaching podemos hablar indistintamente de reto, meta y propósito al referirnos a un objetivo; no obstante, el propósito implica un enlace estrecho con nuestros valores.

Así lo define Irina de la Flor, experta en Coaching de la Consciencia: “un propósito ha de estar movido por la energía del corazón, por ejemplo, cuando pensamos en un niño feliz corriendo por el campo; en este sentido hemos de pensar en qué nos hace felices”.


Definir nuestro propósito


Según Irina de la Flor, directora del proyecto “Lo mejor de mí” para la Fundación Vivo Sano (FVS) “ahora tenemos tiempo para rehacer, para rediseñar nuestra forma de vivir; es importante observar que somos más que nuestros propios procesos mentales, para conectar con nuestro corazón y saber qué es lo que nos hace felices, sumándonos así a la felicidad de los demás, en lugar de restársela”.



Son tres los niveles que De la Flor considera necesarios de cara a establecer nuestro propósito:


  1. Origen y propósito: Qué es lo que me hace feliz. Sentirlo, en función de los valores de cada uno.

  2. Habilidades: Cuáles son mis habilidades para generar abundancia en los dos sentidos: para mí y para los demás. Para ello, podemos visualizar los momentos en los que se nos pasa el tiempo “volando” y usar el motor cognitivo para trazar un plan que nos lleve allí, a ese punto. “Ha de generar abundancia hacia afuera y también para uno mismo, es decir, nuestro plan nos ha de permitir vivir de ello, de lo que sea aquello que nos propongamos.

  3. Alineación: Tras dar y recibir del mundo, de esa combinación, debe generarse un bien más allá de mí, como comunidad. Mi propósito puede alinearse con los fines del universo; ¿cómo? a partir de mi aportación social.

Tiempo de reflexión


Un propósito de vida tiene indicadores, por ejemplo, a qué me quiero dedicar, en qué deseo especializarme o cómo me gustaría aprovechar mi tiempo; “más allá de ese propósito nos interesa saber qué podemos aportar en el sentido de qué cosas nos reportan aspectos positivos”, dice la portavoz de FVS; “¿qué nos puede dar el mundo a nosotros?, ya que no sólo somos seres activos, sino también pasivos, en el sentido de recibir; la relación ha de ser bilateral, pues el propósito de vida nos debe hacer felices”.



Para ello, para ese plan de vida, se han de dar los tres niveles; “primero pienso mi propia felicidad y paz y después veo cómo rentabilizarla y trascender para aportar socialmente”, dice esta experta en coaching consciente, quien nos propone como herramienta la denominada Rueda de la Vida. Áreas como las del trabajo, el dinero, la familia, pareja, los amigos, las actividades de ocio, nuestra salud, la espiritualidad y así hasta completar las diez zonas que jalonan nuestra vida en las que podemos medir no sólo nuestra situación en el momento presente, sino el nivel al que deseamos llegar. (Te propongo echar un vistazo al texto “A vueltas con la vida”, en esta misma web, correspondiente a la semana 27).


Irina de la Flor destaca, en estos tiempos de segunda ola, que “la gente tiene por fin tiempo para aburrirse, para escucharse y para pensar”; “el sistema tiene que cambiar, pues se ha generado un sistema de tecnología y rapidez que ha permitido el desarrollo cognitivo, pero en el que hemos perdido atención plena”; para esta coach “se nos ha olvidado disfrutar de las cosas pequeñas, de la familia, las amistades, del estar solos o de preguntarnos a qué hemos venido, si bien esta crisis nos va a recolocar en nuestro rol como personas”.


Para ello y como herramientas Irina de la Flor nos invita a pensar en nuestro objetivo de vida; “se están colocando muchos valores, lo que implica que hay que aprovechar para seguir los sueños” y nos propone seguir el ejemplo de la icónica Pandora, la primera mujer, según la mitología griega, a quien se entregó una caja con la premisa de no abrirla. Al contravenir la orden y tras levantar la tapa, salieron los principales males de la humanidad. Ella se asustó y la cerró, dejando en el fondo de la mágica caja un valor perpetuo: la esperanza. “podemos trabajar en lo que sea para hacer dinero, pero nunca perder la confianza, la ilusión y poco a poco introducirnos en el sector que nos interese; pronto la correspondencia hará que todo llegue a su sitio en su momento y de este modo nos ayudará”. De ahí que Irina de la Flor nos inste a “seguir nuestra pasión y hacer aquello que nos haga felices”



¡Feliz Propósito! ¡Feliz Coaching!

Y recuerda que…


  • ¿Qué deseas hacer en tu vida? ¿Piensas en cambiar algo? Si es que sí, eso es que ya has definido un propósito

  • Podemos ir más allá de los procesos mentales, para conectar con nuestro corazón y saber qué es lo que nos hace felices

  • El origen de mi propósito, las habilidades para desarrollarlo y la alineación con el mundo son los tres niveles para alcanzarlo

  • Un propósito de vida tiene indicadores, por ejemplo, a qué me quiero dedicar, en qué deseo especializarme o cómo me gustaría aprovechar mi tiempo

  • La icónica Pandora dejó guardada en su caja mágica un valor que nos puede ayudar en nuestro propósito: Esperanza



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