• Silvia Resa López

¿Puedes apagar tu móvil?

¿Cómo desconectas en tu día a día? ¿quizá requerirías tirar lejos tu dispositivo móvil? ¿vas a elegir un lugar remoto, sin señal o provisto de inhibidores para tu próxima escapada? ¿para qué necesitas seguir conectado día y noche? ¿conoces los beneficios de la desconexión? Desde el Coaching te invito a reflexionar sobre ello


Suelo bromear con una amiga a propósito de las lagunas de atención que, a veces, tienen los más cercanos hacia nosotros. Hace unos días, Sandra me decía que últimamente su pareja le hace poco caso, y me describía la escena: ambos en el sofá de su casa, la televisión encendida, después de cenar.


Él, enfrascado en su móvil, con correos electrónicos y mensajes de redes, todo relacionado, al parecer, con su trabajo. Ella, deseando comentarle las últimas novedades de su día y esperando a que él la escuche. Como quiera que él le hace caso, pero “omiso”, ella empieza a referirle una historia increíble sobre cómo se ha reencontrado con un antiguo amigo.


Sin ahorrar en detalles, le cuenta que Manuel, tan guapo, le ha invitado a comer en un restaurante estupendo. Han hablado durante horas y él le ha confesado que la echa a ella de menos, pues no ha podido superar su ruptura de hace años y por tanto desea volver a verla.


Él sabe que tiene pareja, si bien está dispuesto a conquistarla y a esperar lo que ella necesite, el tiempo que requiera, hasta que se dé cuenta de que ambos están hechos el uno para el otro.


Contaba Sandra, muerta de risa, que Jaime asentía de vez en cuando, como si la siguiera en la conversación; hasta un punto en el que tras decirle que qué bien que hubiera visto a Manuel, se detuvo, levantó la vista de los dispositivos electrónicos y le preguntó: “Manuel, ¿qué Manuel?” y “¿que te ha dicho qué?”


Ella mantuvo la expresión serena, para responderle que se lo acababa de contar y qué parte no había escuchado. Como es una pareja que se conoce bien y se quiere, él tardó en darse cuenta de la broma el mismo tiempo que Sandra en estallar en risas: un instante.

Mi amiga utiliza la herramienta del buen humor con sabiduría. Es su forma de decirle con cariño a su pareja que ha llegado la hora de desconectar de móviles y ordenadores. Casi todos hemos de aprender a desconectar digitalmente. ¿Cómo lo llevas tú?


Desconectar para conectar


Parece una paradoja: desconectar para conectar; sin embargo, cada vez se conocen mejor los beneficios de la desconexión digital, lo cual nos permite establecer nuevas conexiones no sólo con los demás, sino con nosotros mismos.

“Ni destrozar el móvil, ni aislarnos”, dice Javier Ibáñez, experto en Desarrollo Personal y en Mindfulness Transpersonal; “la capacidad de desconexión la tenemos todos, al margen de todo lo de fuera”




Este experto reconoce que, en ocasiones, aprender a desconectar llega a ser una necesidad, aunque “más que necesario ha de ser conveniente”; para ello propone el “uso correcto de la tecnología, ya que así desconectaremos con amabilidad; es decir, llevaremos las riendas”

Javier Ibáñez nos propone los siguientes tips para entender mejor cómo desconectar para conectar:


  • Responsabilizarse. Lo más saludable es entrenar la desconexión cuando queramos, en lugar de huir o de eludir el tema.

  • Acciones distintas. Si deseas obtener resultados distintos, has de hacer cosas diferentes. Este principio hay que llevarlo a la acción.

  • Estar presente. La principal función de nuestra mente es cuidar de nosotros, por lo que para ello partirá de lo que constituye su área de confort, lo conocido. Es normal que oponga ciertas resistencias ante nuestra acción de desconectar.

  • Tomar distancia. Hay momentos en los que nuestras creencias, patrones, prejuicios, paradigmas, convicciones e identificaciones provocan que entre en acción el “piloto automático”. A diferencia de éste, cuando vamos en modo consciente podemos tomar la decisión de desconectar de lo digital. Esto lo hacemos desde la atención en el momento presente.


“Podemos ir en automático todo el día, pero al llegar a casa posiblemente nos lamentemos de lo aburrida que ha sido la jornada”, dice Javier Ibáñez; “no nos satisface, tan sólo garantiza la supervivencia”


  • Seleccionar los pensamientos. Independientemente de la edad que tengamos, todos tenemos la facultad de entrenar la mente. Ibáñez nos propone entrenar determinadas áreas cerebrales, a partir del tipo de pensamientos que sostenemos; “podemos ser auténticos artistas del modelado de nuestras estructuras cerebrales”

  • Parar y observar. “Cuando genero un pensamiento que mi mente suscribe en automático, si no me detengo, se refuerza en mis estructuras cerebrales”, dice Javier Ibáñez, que pone como ejemplo la reacción que podemos tener ante una multa de tráfico, que va desde el enfado a la aceptación: tan sólo es una multa.

  • Actuar en consecuencia. El conocimiento de lo que hace nuestra mente no es lo que transforma; es la acción la que nos lleva a elegir qué deseamos llevar a cabo y cuándo.


Neuroplasticidad para todos


Ya que hablamos de acciones, viene a colación el término neuroplasticidad, que es la capacidad que tenemos las personas de modificar físicamente nuestro cerebro por medio de los pensamientos que elegimos tener; “podemos entrenar la mente, cualidad que poseemos todos los humanos, independientemente de la edad” dice Javier Ibáñez, que nos recuerda que la mente genera en torno a 70.000 pensamientos diarios, lo que viene a ser unos 30 pensamientos por minuto.




El mecanismo de la neuroplasticidad comprende:


  1. Parar y observar. Al hacerlo, desconecto los automatismos y no suscribo lo que me propone mi mente.

  2. Proceder mediante la acción consciente. Nos da la capacidad de elegir si suelto o prosigo. Creo nuevos canales neuronales.

  3. Mirar lo que me sienta bien. Aunque biológicamente nos mostramos hacia afuera, desde la práctica del mindfulness o atención plena y consciente puedo observar cómo lo vivo, cómo lo puedo hacer y desde qué estado de mi ser.


“Al final, quien siempre puede decidir la desconexión digital es uno mismo, llevando así las riendas de la vida”, dice Javier Ibáñez, quien nos invita a “disfrutar de nuestras capacidades mentales en lugar de dejarnos manipular o secuestrar por ellas”


¡Feliz Desconexión para Conectar! ¡Feliz Coaching!



Y recuerda que…

  • La desconexión digital nos permite establecer nuevas conexiones con los demás y con nosotros mismos

  • Es normal que nuestra mente oponga resistencia cuando decidimos desconectar de nuestros dispositivos

  • Podemos ser los artistas del modelado de nuestras estructuras cerebrales

  • Al parar y observar desconectamos los automatismos, sin suscribir lo que propone nuestra mente

  • La acción consciente permite elegir el pensamiento, creando nuevos canales neuronales

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