• Silvia Resa López

Mirada de otoño

La estación en la que ahora mismo estamos, el otoño, se caracteriza en esta parte del mundo por la llegada de temperaturas bajas, lluvias y el cambio de color de las hojas de árboles y plantas. Es también el momento en el que el año transita hacia la oscuridad, entendida ésta como oportunidad de mirar hacia adentro, a nuestro hogar y a nuestro propio interior, para descubrir qué es lo que deseamos dejar atrás, de qué queremos desprendernos y así dar paso a lo bueno que está por llegar.



Reconozco que ésta de la que os hablo hoy es mi estación favorita, para lo cual tengo varios motivos, tales como el retorno al silencio, entendido como reflexión y momento para darse cuenta de algo distinto; la melancolía que se respira y se siente al dar un paseo por la naturaleza y, sobre todo, la consciencia de todo ello, apoyada en el hecho de que ésta es la etapa de mi renovación, de mi año nuevo, es decir, cuando celebro mi cumpleaños.

Autumnus es el término latino del que proviene la palabra otoño, que significa la “llegada de la plenitud del año”, lo cual puede extrapolarse a la propia vida.

En Coaching el concepto de plenitud está imbricado, al igual que las escamas de un pez, a los de reflexión, oración, soltar lo que nos sobra, silencio, estar presente o también al punto culminante de un proceso. No en vano, para la cultura celta el 31 de octubre es la última noche del año.

Así que hoy te propongo tomar consciencia de qué es para ti el otoño, qué representa, cómo te sientes y de qué manera puedes potenciar y elevar tu vibración, para alcanzar el bienestar emocional.


Calabaza, calabacita


Entre el 21 y el 24 de septiembre se produce, cada año, la entrada del equinoccio de otoño que, en esta ocasión, ha sido el viernes 23 de septiembre. La posición del sol sobre el ecuador implica que durante 48 horas la duración de los días y las noches sea la misma en todo el planeta.



Esta conexión invita a reflexionar sobre el significado que llega a tener esta etapa en nuestras vidas. “Aunque es un momento de paso hacia lo sombrío, el otoño no significa tristeza, sino silencio, meditación, ir hacia lo profundo, a nuestras raíces”, dice MMar Jiménez, creadora del Club Hogar Consciente y autora de varios libros relacionados con el fenómeno hogarista; “es buen momento para dejar ir lo viejo, lo que no deseamos más en nuestras vidas, es tiempo de honrar la memoria de aquellos que han trascendido”.

En algunas culturas, esto último se celebra el primero de noviembre, festividad de Todos los Santos, yendo a los cementerios con flores y velas para depositar en las tumbas de los seres queridos; no obstante, en el mundo anglosajón suele hablarse de Halloween o Noche de Brujas, víspera de la primera citada y que, a su vez, proviene de la celebración celta de Samhain, que data de tres milenios atrás, cuando los celtas enaltecían la finalización del verano.


Calabazas luminosas para decorar puertas y rincones, piñas para centros de mesa y coronas en las puertas de entrada a la casa son formas de vivir este momento tan especial del año.

Algunos de mis conocidos celebran, el cuarto jueves del mes de noviembre, el Día de Acción de Gracias, puerta de entrada a la Navidad y, de nuevo, una ocasión especial para reconocer y agradecer.


Mágicos puntos de apoyo


Sea cual sea tu cultura y tradiciones, te propongo ser consciente del momento en el que estás, el que vives ahora, para lo cual, podemos seguir los fulcros o puntos de apoyo que la experta MMar Jiménez ha compartido en una de sus últimas clases magistrales y virtuales, “La sabiduría del Otoño”.

“Es interesante honrar el linaje familiar, lo que podemos hacer mirando fotos antiguas, preguntando a los familiares más mayores por nuestros antepasados, construyendo nuestro árbol genealógico, cocinando las antiguas recetas familiares o utilizando el ajuar y objetos heredados de generaciones anteriores”, dice MMar Jiménez, quien apela a la figura de la mujer sabia como representativa de esta fase.

La creadora del programa “Destino tu buena Vida” nos propone los siguientes fulcros como “interruptores para volver a nuestro propio orden”:



  • Desacelerar. Dice Cristina Romero (autora, entre otros títulos, de “El libro rosado del amor”, “El libro violeta” y “El libro rojo de las niñas”) recordando al educador estadounidense Stephen Covey: “la prisa es una forma de violencia”.

  • Abandonar el modo supervivencia. La coach Sami Osorio, creadora de Escuela de Libertad Cuántica (ELC), nos propone revisar los conceptos de abundancia y prosperidad: “abundancia es tener fe en la vida, en que ésta te sostiene y no te dejará desamparada; es pensar que esto de aquí es perfecto, aunque no tengas nada”; “prosperidad es la capacidad de materializar lo que queremos en la vida”.

  • Conectar con la frecuencia de lo benevolente, el autocuidado, estar a nuestro favor. Se trata de sentir la compasión, entendida como la conexión con el sentimiento, en vez de con el padecimiento y sea hacia nosotros o hacia los demás.



  • Utilizar la intuición. Estar más en sentir el cuerpo y menos en la mente y en los bucles de pensamiento.

  • Evitar complacer por inercia. Aprender a decir que no. Se trata de un entrenamiento en poner límites, paso a paso.

  • Practicar la atención plena día a día. Mindfulness como forma de meditación, a partir de herramientas diversas (cocinar, hacer deporte, el afamado cleanfulness o limpieza consciente y también el sistema IronCoaching, que consiste en la reflexión y el acompañamiento mientras se plancha).

  • Aprender a detectar dónde se produce nuestro bienestar holístico mediante rutinas diarias tales como seguir una buena alimentación, unos ritos de higiene (raspador de lengua para eliminar bacterias o el uso de productos naturales para la limpieza del cabello y de la piel) preparar el momento del sueño, utilizar tejidos de lino o de seda tanto para nuestra vestimenta como para los textiles del hogar, así como realizar alguna actividad física diaria (como un paseo por la naturaleza, sea un bosque, un parque o una playa)

  • Entrenar el equilibrio emocional y espiritual. Tomar la rutina de evitar las noticias negativas, a modo detox de mala información, evitar la queja (la primera vez puede ser positivo, ya que sirve para identificar qué y dónde nos duele, aunque hay que poner un límite para no caer en bucle) y sustituirla por soluciones. También entrenar el reconocimiento y la gratitud por lo que somos y tenemos.

  • Atender a las causas profundas, en vez de a los síntomas. MMar Jiménez nos invita a descubrir las constelaciones familiares, pues “los antepasados importan y nos influyen”. Se trata de un tipo de terapia sistémica que aborda la comprensión de los traumas familiares y de los órdenes del amor, permitiendo que identifiquemos posibles roles que no nos corresponden, así como la repetición de patrones que nos causan malestar, generación tras generación.

  • Ritos y costumbres que nos conectan. Desde la elaboración de pucheros, “para que las legumbres ocupen el lugar que les corresponde en nuestra dieta mediterránea”, hasta “sacar a la hierbas que llevas dentro”, aprovechando su uso medicinal, pasando por la limpieza de otoño en el hogar, ordenando “con ojos de mudanza, a fin de desechar aquello que no usamos ni nos sirve” o la creación de un rincón sagrado en el que “poner la intención en el aquí y ahora, estar presente desde el tipo de actividad que cada cual prefiera”.


Para quienes habéis llegado hasta aquí, os invito a ser conscientes de esta etapa dorada, rojiza y algo desgastada, aunque con una energía discreta y reservada que da paso al Adviento, a su vez el preludio de la Navidad y avance de un nuevo comienzo, como es el Año Nuevo y… vuelta a empezar.


¡Feliz Otoño Consciente! ¡Feliz Coaching!



Y recuerda que…

  • Bajan las temperaturas, llueve y las hojas de los árboles cambian de color: es el Otoño.

  • Es buen momento para dejar ir lo viejo, lo que no deseamos más en nuestras vidas.

  • Mirar fotografías o recordar a nuestros antepasados son formas de honrar a nuestro linaje familiar, un rito propio de la estación.

  • Estar más en sentir el cuerpo y menos en la mente puede servirnos para combatir la melancolía.

  • Otoño no es sinónimo de tristeza o de soledad, sino de profundidad, reflexión y de mirada consciente hacia nuestro interior.

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